A qué me suena esta España sin Quijotes

“En la actualidad solo existe una España cinicamente materialista, que unicamente piensa en los placeres vulgares e inmediatos; no cree en nada, no espera nada y acepta todas las vilezas del momento actual porque le falta valor para arrostrar las aventuras del porvenir. El país de Don Quijote se ha convertido en el de Sancho Panza; glotón, cobarde, servil, grotesco, incapaz de ninguna idea que exista más allá de los bordes de su pesebre”.

Vicente Blasco Ibáñez

Una nación secuestrada.

Descubro esta cita en la entradilla de uno de los capítulos de la extraordinaria novela “El anarquista que se llamaba como yo”, de Pablo Martín Sánchez, que por cierto recomiendo con verdadera pasión.

Dicho lo cual, me ha dado por pensar en las palabras de Blasco Ibáñez, si acaso por buscar paralelismos entre la España que le tocó vivir y ésta de la que somos testigos sufridores los integrantes de una generación como la nuestra, que se ha dado de morros contra una crisis que recupera vocablos perdidos como emigración, recortes, desempleo masivo o depresión económica.PasotismoIlustrado

Si los economistas buscan patrones en el pasado para asentar sus tesis, no hay razón para que quienes profesamos una pasión desmedida por otras ciencias sociales como la política, la historia o la sociología, hagamos una revisión crítica de nuestro presente a partir de un pasado que algunos olvidan o rescatan a beneficio de inventario, no vaya a ser que las hemerotecas desdigan y desvistan a quienes se pasean pontificando virtudes inifinitas sobre sí mismos.

Y a mí esta España me recuerda a la España finisecular del XIX y comienzos del XX. Un país deprimido por el doloroso despertar del sueño imperial que supuso la pérdida de Cuba y las posesiones de ultramar, y tardiamente consciente de que la brecha que le separaba de la Europa Occidental que cabalgaba a lomos de la Revolución Industrial era en sí un abismo que agigantaba el relieve de los Pirineos hasta convertirlos en barrera infranqueable para el progreso moral de un país sumido en sus vilezas.

Todo es más refinado, no hay duda. Ya no hay guerras en Marruecos, ni pistoleros anarquistas en las calles; ni ley de fugas o garrote vil. Ya no hay analfabetismo crónico, ni malnutrición infantil, ni Hurdes ni braceros mendicantes que recorren el país en alpargatas buscando tierra de siega. Ya no hay proletariado, ni huelgas generales dignas de tal nombre, ni sindicatos ni partidos que conciten las ilusiones de las masas.

Pero a mí esta España me suena a pasado, a ese pasado que vio nacer a mi abuelo allá por 1912 y que cincelaron en mis recuerdos de un tiempo no vivido gentes como Baroja, Unamuno, Valle-Inclán o Machado.

Me suena esta España a dejá vu aderezado con proclamas de salvapatrias que amenazan con volver, siempre al servicio de la nación. A viejas glorias vencidas por el tiempo, que siguen reclamando su cuota de poder desde las insulsas memorias reinventadas, otoñales y agradecidas con uno mismo, que para eso es quien escribe.20070712klphishes_187.Ies.SCO

Me suena esta España a la misma apariencia de democracia que se vivía por aquél tiempo, con sufragio censitario y limitado al varón de posibles, con el que armar una alternancia política que en sí misma no era más que un obsceno reparto de poder. Hoy tenemos más refinamientos pero la misma pasión por la apariencia, armando una democracia congelada en la foto fija de la Transición y vehiculada a través de partidos que se resisten al cambio.

Me suena   esta España a periferia europea, buscada y promovida por quienes devuelven galones a maestros de religión católica en contrarreformas educativas y reinventan la economía a golpe de inversiones millonarias de gigantes del juego, los casinos y el turismo barato, en aras del cual se indulta el chiringuito y las aberraciones de la costa. Hace cien años había añoranza del imperio perdido. Ahora hay añoranza del ladrillo perdido, y a la mínima ocasión se buscan excusas para reeditar el “modelo”.

No sé donde están los bordes del pesebre a los que aludía Blasco, en la entradilla de este post. Ni si falta o no el valor que el maestro valenciano predicaba necesario para romper con las cadenas de la indigencia moral a las que nos arrastra un fatalismo conformista tan vivo hace cien años como ahora.

Pero sí tengo claro que nuestro país ya no es tierra de Quijotes.

Facebook Comments

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.