Abrazos, muchos abrazos en la España de Campofrío.

Abrazos para todos.

De los fiscales que desmontan instrucciones que no gustan a la Casa Real, defendiendo lo indefendible.

De los presidentes que se niegan a responder a los medios de comunicación en ruedas de prensa enlatadas en tele de plasma.

De los amigos del alma que vivieron la Dolce Vita entre grandes premios de F1 y Moet Chandon.

De los que insultan la memoria de los muertos de una guerra que descansan en cunetas de esta media España falsamente reconciliada.

De los que regalan tarifazos eléctricos pagaderos en la próxima visita de los Reyes Magos.

De los liberales que gobiernan Madrid, blandiendo en una mano las enseñanzas de Adam Smith y en la otra el recetario del capitalismo castizo a la hora de regir una caja.

De los hijos de presidentes que presumen de las colocaciones de papá, que se dejó los pelos del bigote por ti, tito Miguel.

De los ministros que rescatan la religión evaluable en un currículum que nos aleja de la Europa de la ciencia y nos reconcilia con la España de sacristía.

De los que ofenden  unas siglas aceptando sillones remunerados  en consejos de eléctricas que cortan la luz y la vida a la gente a la que debiera dar cobijo esas siglas.

De los que ven conspiraciones judeomasónicas contra el fútbol patrio por todos lados, ese último reducto de la marca España tan bien gestionado por corruptos de todo pelaje en años recientes.

Definitivamente en España nos gusta el calor humano. El contacto físico que nos hace tan distintos, tan cercanos, tan campechanos. Que anda que no es campechano el rey, uno más en esa carrera de abrazos que nos damos todos cuando ganamos el mundial o la Eurocopa.

Así acaba el año en mi España. Con abrazos para todos de parte de algunos – no caben todos en este post-  los que contribuyen a difundir esa leyenda de cercanía, humanidad, calor humano y afecto que nos hace tan distintos del resto del mundo, tan frío tan distante y tan envidioso porque no tiene todo aquéllo que nosotros sí tenemos: paella, fiesta, chiringuito, calor humano, Ibiza, sol, tapas, calor humano, Nadal, Real Madrid, Barcelona…y más calor humano.

A fin de cuentas, como dijo aquélla alcaldesa, no one celebrates life like spanish people do.

Hace un relaxing cup of café con leche, dear Ana?

Pues eso. Sigamos celebrando la vida como nadie.

Aunque entre tanto calor humano como desprendemos, hagamos el esfuerzo de pensar. Y de actuar de una santa vez.

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