Aquéllos españoles olvidados que liberaron París

Aunque lo intento evitar con todas mis fuerzas, cuando llego a la librería Waterstones, en Regent Street, termino siempre delante de la bien surtida sección de Historia de España que alberga.

Inglaterra es tierra de grandes hispanistas y a mí siempre me gustó conocer la perspectiva con la que otros ven nuestro pasado, alejados de dogmatismos  y revisionistas de medio pelo que utilizan la Historia para ajustar cuentas y vestir santos a toro pasado, como el que busca la redención sobre comportamientos poco honrosos o echar sal a las heridas abiertas por pura provocación.

Y digo que lo intento evitar, porque arranco siempre delante de la sección de historia británica, si acaso para entender mejor la idiosincrasia de un país dividido entre un alma inequívocamente europea y una vocación puramente atlántica, empeñado en decirle al mundo que el Canal de la Mancha tiene la misma anchura que el océano que la separa de Norteamérica.

Para siempre terminar delante de la sección de Historia de España.

Arracimados en una enorme estantería, se amontonaban libros sobre el pasado imperial de los austrias; sobre el legado musulmán en nuestra tierra; sobre derrotas y decadencia o sobre guerrilla y lucha contra Napoleón; y obviamente, la guerra civil. Empecé a hojear las últimas publicaciones sobre nuestra tragedia del 36 y fue así como llegué a un libro que parecía desubicado en aquélla sección. “Eleven days in august, the liberation in Paris in 1944”.nueve 2

Conozco bien la historia de la 9ª Compañía, la Nueve, de la 2ª División Blindada del general Leclerq, que se convirtió en la primera unidad en entrar en París en 1944. Llegué a ella a través de Javier Cercas, en Soldados de Salamina, con la historia de aquél anciano protagonista de gestas olvidadas en un país que las ignora y desconoce por pura desidia. Me hice más tarde con algún título de Pons Prades, que narraba con detalle la odisea de aquéllos hombres empeñados en enjugar la derrota en el 39 con una postrera victoria en la lucha contra la Alemania nazi.

Pero ayer sentí una emoción diferente, quizás porque las andanzas de aquél puñado de valientes que arrastraron su alma y se dejaron la vida en Libia, en Túnez, en Francia o en la propia Alemania, eran descritas en inglés, por un historiador inglés.

Imaginemos la escena.

Dronne, el capitán francés que manda la 9ª compañía, recibe la orden de Leclerq de avanzar sobre París, donde a esas horas se combate en las calles contra alemanes en retirada, más ocupados en la logística de la derrota, con quema de documentos y traslado de material esencial. Leclerq, desoyendo a sus superiores del II Ejército norteamericano, sabe del efecto propagandístico y netamente político de la liberación de París por parte de unidades del ejército francés. Y lo único que tiene a mano es esa compañía de choque, formada por legionarios veteranos de la lucha contra Rommel en el norte de Africa. Una unidad nominalmente francesa, pero integrada, en un 75% por republicanos españoles reenganchados en Argelia, exiliados de la guerra civil y curtidos en ocho años de guerra, entre la civil y la mundial. No eran mercenarios, ni soldados de fortuna.

Luchaban por seguir luchando, hoy en París y mañana en Madrid. Y sus mandos, lo sabían y estimulaban ese anhelo.

Algunos, contaba Dronne más tarde, eran genuinamente españoles. De corta estatura, cerrada barba y tez morena, curtido el rostro y el cuerpo entero por la dureza de las trincheras y la intemperie. Aun así, se afanaban por estar siempre en perfecto estado de revista, cuenta el libro. “Algunos se afeitaban dos veces al día”, porque se sabían embajadores de una España que había muerto en abril del 39, y cuya memoria sólo ellos podían perpetuar para que en el futuro se recordase que aquella tricolor de la República española había desfilado en Paris en agosto del 44, junto a las enseñas de otras democracias occidentales.

Quiero trasladarme con los ojos cerrados a esos momentos que narra el libro.nueve 4

Momentos como el protagonizado por un extremeño de nombre Antonio Sánchez -uno de tantos comunes y anónimos antonios sánchez- de poco más de metro y medio, que encañona al orgulloso general prusiano al mando de la guarnición alemana en París, Von Chotlitz, en un rudimentario francés con acento de Almendralejo mientras el general exige a voces que se le conceda el honor de entregarse formalmente a un oficial de aspecto más decoroso.

Quiero vivir el instante en que un reportero de la radio clandestina de la Resistencia francesa, se dirige a uno de aquellos soldados, vestidos con uniforme francés, y embriagado por la emoción y la euforia comienza su alocución de este modo: “ante mí, un francés libertador de París, un soldado francés venido de tierras lejanas para liberar la patria…” La respuesta del legionario es concisa, “Monsieur, no soy francés, soy español…”.

La memoria selectiva de la que tanto hemos hecho gala en España ha convertido estos episodios en rarezas ignoradas de nuestra Historia. Momentos que otros guardan como oro en paño en el acervo colectivo de su pasado y nosotros despachamos por el sumidero de la amnesia de un pueblo demasiado acostumbrado a girar la cabeza hacia atrás sólo para reprochar vilezas y tirar salivazos cargados de ira por pura conveniencia.

En medio de este fatalismo tan hispano, asentado con pausa y con poso a lo largo de nuestra historia como pueblo, me quedo con el recuerdo de hazañas que protagonizaron hombres de torso enjuto, apellidos comunes, barba cerrada, tez morena y ni una pizca de nobleza, real o inventada, en sus anónimos ancestros. En último término, son los hombres que salvaron la dignidad de un país que en medio de la mayor tragedia de la humanidad se dedicaba a parlamentar en Hendaya amistosamente con el mayor genocida de la historia.DOCU_GRUPO

A ese sí le recuerda en calles, plazas, placas en iglesias y monolitos varios.

 

 

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3 comentarios en “Aquéllos españoles olvidados que liberaron París

  1. Pues sí, Jesús. Cuando cuento en España el episodio del reportero entrevistando al que creía un soldado francés entrando a liberar París, me miran con cara de incredulidad. La misma con la que me quedé yo cuando leí esta parte de la historia allá por 2005, gracias a un amigo historiador parisino. Una etapa de nuestra historia olvidada de forma intencionada tanto por España, bajo la influencia del régimen franquista que gobernaba en aquella época y que mantiene su influencia durante decadas, y de la nueva Francia de De Gaulle, que dejó a aquellos soldados españoles a su suerte, después de años y años de combate codo con codo luchando por conseguir la libertad frente al enemigo totalitarista. Aquella Francia que, junto al resto de potencias vencedoras, se “olvidó” de liberar a España de la dictadura facista bajo la que se encontraba, dejando en el olvido a tantos y tantos españoles que combatieron en la Resistencia, con la esperanza de, en un futuro cercano, poder entrar también en las calles de Madrid, tal como lo habían hecho en París, para derrocar a Franco. Gracias por traer de nuevo a nuestra memoria este gran capítulo de la historia. Un saludo

  2. Muchas gracias, James. Es un placer contar tus palabras en el blog. Por cierto, yo también he hecho la encuesta en teosiesta. Ilustrativa y didáctica, sí señor. Un saludo de este español en Londres a un inglés en Madrid.

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