Calma chicha

La foto con la que arranca este nuevo año es la que ofrece un mar en calma, aunque en el horizonte se dibujen los contornos de las tormentas cotidianas que habrán de llenar portadas en los próximos meses.

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Rajoy anda crecido con los datos del paro, señalando un punto de inflexión en medio de la pendiente que arrastra a su partido a lomos de los escándalos asociados a Bárcenas y Gurtel. Probablemente con más deseo que realidad, y desoyendo los ecos de los analistas sobre las verdaderas razones por las que se crea empleo en diciembre, el gobierno se ha entregado con pasión a la buena nueva del cambio de ciclo que esa estadística –penosamente filtrada en un país que se dice serio– parece anticipar.

Enfrente, Rubalcaba transita la calma chicha con negros nubarrones en el horizonte. Lo exigido de un calendario en el que se acumulan unas elecciones europeas que a casi nadie le vienen bien, el apremiante calendario de unas primarias que podrían no ser tan abiertas como se intuía en un principio o la ausencia de un liderazgo claro pasado el ecuador de la legislatura no parecen la mejor credencial para afrontar un semestre en el que el gobierno sabe que el alivio de la economía acaba por tapar todo lo demás.

Pasadas las turbulencias de fin de año, con el amago de la disparatada subida de la luz, el no menos disparatado anteproyecto de ley del aborto de Gallardón o el desde un principio disparatado experimento de Mas y el secesionismo catalán, el nuevo año se abre en medio de incertidumbres por despejar, sin certezas absolutas ni golpes de timón a la vista que saquen al país de una atonía en la que ha terminado por vegetar después de un lustro de crisis.images (1)

Como soy quien soy, y vengo de donde vengo, me preocupa más la posición del PSOE en esta coyuntura. Desde tiempos ya lejanos, se identifica a la política, concepto manoseado y desprestigiado, con la izquierda. La derecha no hace política. Gestiona. La política como tal, es cosa de la izquierda y su pasión desmedida por el mundo de las ideas.

Más allá de tan burda generalización, es evidente que el gobierno va a volcar toda su actividad en el terreno de la economía, más allá de los gestos y peajes que tiene que pagar para evitar que las costuras del traje del PP salten por la extrema derecha populista, siempre latente pero huérfana de vehículo propio en el espectro político español. Sólo de ese modo se explica el patinazo del anteproyecto de reforma de la ley del aborto.

Y es evidente que, después de haber tocado suelo en todos los indicadores, el futuro económico solo puede aventurar dos opciones: el estancamiento o el crecimiento. Y a poco, que será muy poco, que los datos avancen en la senda de la creación de empleo, la corrección de las cifras de déficit, o la reducción en los niveles de la prima de riesgo, el gobierno escenificará un punto de inflexión con el que todas las miserias de esta media legislatura se pierdan en el olvido. Queda por ver el alcance de este discurso y su recepción en un electorado que puede no estar dispuesto a perdonarlo todo. O sí.

Por eso necesita tanto el PSOE un revulsivo de alcance estratégico. La calma chicha proporciona una falsa sensación de seguridad a las cúpulas que conduce a la inacción. Sólo que esta vez, la táctica está de parte de un adversario que juega con ventaja. La que le proporciona saber que, aun a pesar de sus políticas, de sus corruptelas y sus infamias, la implacable ley de los mercados terminará por proporcionarle datos macroeconómicos a los que agarrarse para trazar un discurso con los que hacer borrón y cuenta nueva. Al fin y al cabo, como dijo Clinton, es la economía, estúpido.

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