Cataluña tras el 25-N: Táctica…¿y estrategia?

Cuando los ingleses derrotaron a Rommel en el Alamein, luego de muchas derrotas anteriores, Churchill se dirigió al pueblo inglés con un escueto mensaje: creo que esto no es el final de la guerra; ni siquiera el principio del fin de la guerra. Es más bien, el final del principio. Algo así pasó anoche, con el cierre de las urnas en la Cataluña convulsa de los recortes, esteladas, consultas y desafíos soberanistas.

Termina la confrontación electoral catalana y me queda una sensación parecida a la del viejo sabueso político inglés. Que no estamos más que al final del principio de una contienda en la que el medio de turno, dependiendo de sus lealtades más o menos expresas, confesables y en algún caso obscenas, subraya el resultado con la tinta que mejor le venga. Y en el día después, los juicios de los partidos, que de un tiempo a esta parte se hacen pensando más en la cocina interna de la ejecutiva del día siguiente que en la valoración en sí del escenario político que arrojan las urnas, ofrecen una lectura común: algo así como un indisimulado “a ver qué pasa mañana…” o la estrategia de la ausencia de estrategia. Porque todo es táctica y nadie piensa ni le explica al pueblo que pasará más allá de lo inmediato.

Repasemos juntos. CiU pierde pero gana. El PSC se desploma pero mejora el paupérrimo escenario de las encuestas. El PP sube en plena vorágine de recortes. ERC es la segunda fuerza en escaños. ICV cosecha el mejor resultado de su historia. Ciutadans triplica fuerza. Y aparece una tal CUP, en la que pocos reparaban, canalizando otras variantes del independentismo.

Pocas veces estará más justificado el tópico del “todos ganan” que en este panorama, que deja un statu quo sustancialmente parecido al que teníamos. Para no abusar de frases hechas, no haré chistes de viajes y alforjas, porque hasta en las travesías más erráticas, la mula que carga con tales alforjas puede descubrirnos territorios y matices hasta ahora desconocidos.

Y es que en este aparente viaje a ninguna parte, por mucho que La Razón intente inocular en vena triunfalismo de baja estofa, la realidad es que CiU, en otro tiempo fuerza moderada y alérgica al explícito compromiso independentista, duplica en votos y escaños al segundo en la línea de meta. Y alcanza este resultado con la explícita apelación a la consulta popular que tantas heridas ha dejado en carne viva en el Madrid capitalino; renunciando aparentemente al tradicional seny moderado que corre por sus venas, en las que fluye el viejo pactismo ibérico heredado de los tiempos de Cambó y la Lliga Regionalista de principios de siglo, cuando el catalanismo político daba sus primeros pasos.

Soy de los que un día se creyó lo de la táctica y la estrategia. Y no sólo por el poema de Benedetti, que tanto juego nos dio en lides amorosas. También en la confrontación política, trasunto de algo de mayor hondura como los ideales. Y a la vista, no solo de lo sucedido ayer, sino de las reacciones de los protagonistas y de lo que puede depararnos el mañana, me parece acertado volver a Churchill y a su final del principio para definir un panorama en el que la estrategia está por escribir.

La táctica la conocemos. De la sede de los partidos hacia dentro, la de Lamepusa: que todo cambie para que todo siga igual.

De puertas hacia afuera, la improvisación. El vacío del táctico al que sólo le preocupa sobrevivir a lo que diga la ejecutiva y acallar posibles críticas internas. Gloria a los fontaneros que descubren y reparan posibles fugas. Veto a los arquitectos que construyen, diseñan y crean.

Me gustaba más el final que trazó Benedetti en las últimas estrofas de su poema. Porque señalaba un objetivo, un empeño, un afán.

Un fin.

PD: ¿FEDERALISMO? Explíquemelo, por favor. Como si fuera un niño de cinco años, si no le importa.

 

 

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