Conferencia política del PSOE y la España de la que renegamos

No voy a hacer una crónica de la Conferencia política del PSOE de este fin de semana. Por mucha reacciones y opiniones que lea al respecto, no podría transmitir las sensaciones que sólo se pueden plasmar cuando algo así se vive in situ, cuando se es testigo de corrillos, de charlas soterradas o de meras tribulaciones entre bambalinas. Por muy atinado que esté Iñaki, o algún otro analista con años de servicio y olfato, no puedo aspirar a describir algo de lo que no he sido testigo, ni esta vez ni nunca. Porque jamás tuve la suerte de estar entre los elegidos para acudir a estos cónclaves. Pero ese es otro tema, y mejor no hablar de quien elige o cómo se elige.

Me quedo, pues, en el papel de analista lejano con conocimiento cercano, que algo tuve, de las entrañas de un partido que –no me cansaré de repetirlo- ocupa el espacio ideológico con el que se identifica la mayoría de la sociedad. Aunque no se le vote de cuando en cuando.

No digo que el PSOE es la verdadera izquierda, como afirma Oscar López, fagocitado por su indisimulada afición a impartir titulares tuiteros de trazo grueso que encabronan a otros con mayores credenciales –mil perdones, Gaspar y Cayo– y dejan con la boca abierta a todos los que se parten el alma en redes sociales y movimientos ciudadanos para ofrecer respuestas a lo que nuestra misma marca ha ido sembrando en los últimos años. Sin excusas, por cierto.

Pero sí afirmo que hay una clara mayoría social que comparte una pluralidad de valores y cierto sentido de la gobernanza económica de un país que caben en lo que encarna este partido. La sola mención a cuestiones como el matrimonio homosexual, la ley de dependencia o la apasionada defensa de un sistema sanitario público delimitan este campo y retratan por sí solos. No sólo a los tuyos, sino también al adversario.

En cambio,  hay un terreno en el que el PSOE se ha dejado engullir y  es en el que pone nombre a la última de sus siglas: España.

A lo mejor sufro de la nostálgica debilidad del emigrante anegado en añoranza. Pero la historia de perífrasis y rodeos que hemos dado en los últimos años para acomodarnos a este concepto da para escribir un manual del absurdo. No se trata tanto de definir el Ser de algo sobre lo que ya batalló una legión de intelectuales malditos desde Joaquín Costa, hasta Ortega y Gasset, pasando por Azaña. Se trata de no dejarse comer el terreno por una retórica falsa como la que ha exhibido la Derecha históricamente en este ámbito.

Como bien dice Nacho Torreblanca, hay  dos arenas o terrenos de juego en los que la política muestra su rostro. En el primero, el de los bienes divisibles, hay posibilidad de alcanzar consensos. Derecha e Izquierda combaten por la administración de recursos limitados y su reparto en función de sus prioridades ideológicas. Pero precisamente, por ser divisibles, propician consensos y acuerdos tácitos más frecuentes de los que los talibanes de la política, a uno y otro lado, se empeñan en negar.

El otro terreno, el irracional, es el de la política de los valores. De las identidades territoriales y la moral. Ahí no hay consensos posibles porque no son bienes divisibles. (Repito. Nacho Torreblanca lo explica mucho mejor que yo, así que visiten su blog). Y es ahí donde el PSOE ha hecho una cesión estratégica de soberanía política a una Derecha que gana en ese terreno por incomparecencia del adversario, empeñado en giros verbales para definir el espacio geográfico que se extiende entre la costa cantábrica, la frontera con Portugal y los Pirineos como algo discutido y discutible.

Se equivoca quien me lea en clave jacobina. Abjuro de Alfonso Guerra y su tacticismo electoral anti-PSC, eternamente prestigiado a cuenta del famoso vaticinio de los 202 diputados del 82 y que le dio la mística de la que sigue viviendo 32 años después. Tampoco me voy a tatuar la marcial apelación de Bono a los valores de la milicia. Sobreactuar en este terreno nos acerca a la parodia, y ante la duda, la gente prefiere el original a la copia. Pero sí me queda claro que al PSOE le tiene que empezar a doler la patrimonialización por parte del adversario  del concepto España a la que ha contribuido con demasiada frencuencia.

Nunca me cansaré de repetir que entré en política de la mano de los Diarios de Manuel Azaña, un político que sufría por las consecuencias de la acción de las élites sobre un mismo sujeto pasivo: los españoles.  La gente.

En Manuel Azaña, un hombre que descansa en el cementerio de una pequeña ciudad francesa y que fue enterrado en un féretro cubierto por la bandera de México hay tanta España, que a su lado Franco y su legión de militares de opereta serían una pandilla de anarquistas apátridas, por mucha escarapela con la que adornen sus herederos rotondas y balcones.

Facebook Comments

Un comentario en “Conferencia política del PSOE y la España de la que renegamos

  1. Con la la lejania no solo no pierdes cercanía sobre la realidad que estamos viviendo, sino todo lo contrario, estas mas cerca, con mas frescura de ideas y sus reflexiones cada vez mas profundas y certeras. Me alegra un montón que así sea. Un abrazo.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.