De Bárcenas a Tembleque: viaje de la miseria a la esperanza.

Hice muchas veces el trayecto que va de La Roda a Toledo, al menos hasta que abrió la autovía de los Viñedos, atravesando muchos pueblos de La Mancha. Cogía la N-301 hasta Quintanar, y luego allí tomaba el desvío hasta Villacañas, Mora y finalmente Toledo.

Fueron muchos lunes por la mañana, cuando el frío, la niebla y la oscuridad que precede al alba hacían más difícil el camino por una carretera poblada de camiones. En esas condiciones, atravesar un pueblo no es incómodo, sino todo lo contrario. Son una tregua en el camino, un faro que alumbra en mitad de la ruta.

Entre Villacañas y Mora está Tembleque. Hasta llegar a este pueblo, hay que cruzar una carretera de asfalto rugoso, que chirría extrañamente bajo las ruedas. Entre este ruido y la niebla, el conductor siente algo más de inquietud, acaso por el temor a que aparezca un tractor por el arcén o el ruido que hacen las ruedas en el asfalto se deba a algún fallo mecánico.

En seguida aparece Tembleque, dibujando un suave contorno en medio de la oscuridad de la niebla, perezosamente iluminado a esas horas, y al que se accede a través de una rotonda que nos aconseja girar a la derecha para atravesar el pueblo y seguir ruta hacia Mora. Un pueblo más, un faro en el camino.

Pero en Tembleque, el faro no sólo alumbraba el camino.  En lugar de coger la rotonda, un servidor relajaba el paso, omitía la rotonda y seguía recto para coger la calle del Convento. ¿la excusa para el desvío? Cruzar por delante de la Casa de las Torres, aminorar la marcha hasta casi detener el coche y ver este magno palacio alumbrado con la primera luz de la mañana, aún envuelto en la niebla, que algún noble ordenó levantar en el siglo XVIII. Es una de las joyas de un pueblo conocido por su magna Plaza Mayor entre otros tesoros.descarga

Sin gente por la calle, uno puede sentir lo bellamente vulnerable que es el pueblo cuando se retoma la ruta hacia Mora, cruzando por en medio de un enjambre de casas encaladas en cuyas puertas todavía se ve la cortinilla manchega que tanto uso da en verano. Un servidor agradecía el servicio prestado por Tembleque; el haberme cobijado en medio de la niebla con la tenue luz de una singular villa de la Mancha toledana. Y no siendo eso bastante, mostrándome los secretos que sólo el viajero paciente puede descubrir si reduce la marcha.

Hoy vuelvo a dar testimonio de gratitud a Tembleque. Vuelve a ser un faro en medio de la oscuridad. La prensa reparte titulares en este día, en el que la miseria se llama Bárcenas y la esperanza se llama Tembleque, vencedor en el primer envite contra el cierre forzado de las urgencias médicas.

La miseria viste traje caro y generosa cabellera parcialmente engominada, con el estilo de dandy impostado que se decía amante de lasimages barc montañas alpinas para justificar el apego viajero que sentía por Ginebra. La miseria habita en la idílica suiza, donde reposan los dineros que se reclaman para mantener derechos de gente humilde.

La esperanza habita en Tembleque, cuyas gentes fuerzan a los tribunales a mirar con rostro humano por negarse a perder un derecho que no es concesión graciosa del poder. Es derecho a fuerza de lucha de quienes nos preceden en el tiempo, por esta tierra castellana que algunos quisieron convertir en yerma a fuerza de robar la savia que regaba sus campos.

La miseria se apellida Bárcenas, pero tiene muchos nombres. Tantos como el sumario de la vergüenza irá desvelando conforme pasen los días.

Hoy, más que nunca, conviene apelar al valor de los principios. Pero no de los que los invocan con vacío espíritu y tienen necesidad de pregonarlos a los cuatro vientos, como aquéllos que se envuelven en la rojigualda para testimoniar un patriotismo de cartón mientras abrazan paraísos fiscales, paraísos inventados en los que ocultar el dinero que se precisa para pagar la sanidad.

Quizá solo sea una batalla ganada en medio de una guerra larga y que dejará, también, posibles derrotas.

Pero en un día como el de hoy, como aquéllos días en los que atravesaba Tembleque para cobijarme de la niebla en el frío amanecer de la Mancha toledana, permítanme aminorar la marcha, detener el coche si es menester, y festejar con sus gentes el triunfo de la dignidad y la razón en forma de paralización –todo lo cautelar que se quiera- de una medida tan irracional como injusta.

Si me preguntan por mi patria, por mi bandera o por mi filiación política, búsquenme en Tembleque, porque quiero ser de los suyos. Hay más honor allí, en sus dos mil y pico habitantes, que en todo el barrio de Salamanca, plagado de Bárcenas y Correas. Hoy sus gentes, vuelven a levantar el faro de la razón en medio de la niebla.

El rostro de la miseria. El rostro de la esperanza.

PD: En el Diario Oficial de Castilla La Mancha de hoy, 27 de marzo de 2013, el Gobierno de Castilla-La Mancha publica la derogación de la anterior Orden de la Consejería de Sanidad por la que se decretaba el cierre de los servicios de urgencias en diversos municipios de Castilla-La Mancha. Vendrán otras batallas y otras guerras contra decisiones absurdas de los paladines de la austeridad a la carta y a la medida de lo que ellos consideran servicios prescindibles. Pero, al menos hoy, la Justicia se ha puesto de parte de la razón y nos devuelve algo de esperanza en mitad de este páramo por el que transitamos desde hace tanto tiempo.

Que cunda el ejemplo.

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2 comentarios en “De Bárcenas a Tembleque: viaje de la miseria a la esperanza.

  1. Javier, esa ruta aunque no completa la hemos hecho muchos y así tambien hemos pasadompor la calle convento. Me siento orgulloso de Tembleque

  2. Hola David; gracias por leer el blog. La verdad es que el día en que se hizo público el auto de suspensión fue el mismo en que salió a la luz las noticias de Bárcenas. Y me hervía la sangre…Ojalá que la justicia no se arredre. Y aunque lo haga, creo sinceramente que están dando toda una lección. Un saludo

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