España, país en «B»

Cuentan que hubo dos Españas en el 36. Y hay otras dos en el momento en que escribo esto. Las del 36 se mataron en las trincheras de la guerra civil y una le puso el pie en la cara a la otra durante generación y media. Las de ahora son igualmente dos, separadas por algo menos metafísico, menos poético como la ideología y menos dramático como la guerra. Pero constituyen dos realidades cuya existencia nadie ignora.ECON 3

En la España en A, las cuentas cuadran y las leyes se cumplen. Se dictan normas jurídicas con profusión y generosidad en el congreso, el senado, diecisiete cortes autonómicas y ocho mil y pico plenos de otros tantos municipios. Los balances, inmaculados como el papel que los soporta, ofrecen imágenes artificialmente bellas de bancos, cajas y administraciones. No hay deuda; hay tensiones puntuales de tesorería. No hay evasión de capitales; hay lógica y transitoria desconfianza del capital privado.

En la España en B no hace falta ley escrita. Imperan otros códigos y pactos de silencio. Es la España que «es» frente a la que aparenta ser. La España en la que el fraude es picardía; la España de los contactos y los enchufes. La España que se justifica en la monstruosidad del estado, lo público, los impuestos y los seguros sociales para crear un universo paralelo en el que la pregunta clave es: la factura, ¿con IVA o sin IVA?

Anuncia Cospedal una auditoría de las cuentas del PP. La madre de todas las auditorías, el striptease financiero -al que aludía Rajoy en el Financial Times- aplicado a Génova 13. Cajas y cajas de justificantes aseados y recién troquelados, que determinarán que los suministros para la máquina del café de la segunda planta se pagaron como Dios manda, con IVA y todo lo que manda la decencia. Ni rastro de sobresueldos, comisiones y comisionistas.

Toneladas de papeles perfectamente ordenados para la ocasión, en archivadores rotulados con la tinta indeleble que emplean los escribanos de la España en A, la que se utiliza para idealizar los balances que nos retratan como lo que todo el mundo intuye a estas alturas: extraordinarios gestores, implacables con la corrupción e inasequibles al desaliento en la lucha contra figurantes del ladrillo que desvían millones a mansalva por las tierras de Heidi o los latifundios argentinos.

Periodicamente la España en B y la España en A abandonan sus universos paralelos para cruzarse en un mismo plano. Toman la forma de regularizaciones fiscales o pactos de conformidad entre fiscalía, acusación y defraudador para eludir la cárcel con indultos o benévolas multas. También se manifiesta esta comunión en el ocasional trazo del legislador, empeñado en legalizar, de hecho y de derecho, lo que de otro modo apestaría a delito.

La España en B tiene rostro de malote guapo. De perverso don Juan seductor que juega en el lado oscuro de la Fuerza a costa de los anónimos ciudadanos que se esfuerzan por llegar a fin de mes sin merecer reproche alguno de la autoridad y pagan las letras de la cocina recién reformada en tiempo y forma. La España en A es como la caravana de Ray Liotta, al final de “Uno de los nuestros” de Scorsese, un mundo de anónimos don nadies en el que no hay viajes a Montecarlo, ni circuitos urbanos en Valencia, ni palcos en el Bernabeu en tardes de Champions, ni amigos del alma regalando armanis o colegas de farra invitando a gin tonic con el dinero de un ERE.

La España en B es la promesa de nuevas emociones en paraísos fiscales, en los que el cash fluye como nunca. Y a prueba de auditorías, que sólo constatan el cumplimiento de una legalidad inventada. Es Miguel Angel Flores vendiendo 20.000 entradas a 9.000 asistentes a la fiesta. Es Bárcenas viajando a Suiza. Es una España más real y más presente que la otra, la España A, que finge ser la oficial y pone cara de sorpresa cuando la B aflora por sorpresa, como el capitán Renault a la hora de echar el cierre al café de Ricks cuando descubre, sorpesa, que hay un casino en la trastienda.

Toda la miseria de un país en una pregunta existencial:

– La factura….¿con IVA o sin IVA?

Luego, señora Cospedal, póngame cara de sorpresa.

 

 

 

Facebook Comments

Un comentario en “España, país en «B»

  1. Ahora el mismísimo gobierno, bueno el partido del gobierno, parece que tenía y tiene una economía en B. Más de 608.000 firmas en change.org en dos días desde que El País destapó la noticia… ¿y qué? ¿va a cambiar algo?. Me temo que no, en este país ya no nos escandalizamos de nada, porque seguramente a nuestra escala hacemos a diario cosas de esas. Luego no hay dinero para colegios, hospitales y servicios públicos, pero yo me pregunto: ¿realmente en España existe lo público?, ¿la conciencia de lo que significa lo público?, ¿la coherencia de lo que significa lo público?. Ójala sea pesimista, pero creo que sólo soy realista: no, rotundamente no. En el mapa mundial no seremos los únicos que actuamos y pensamos así, pero: mal de muchos, consuelos de …
    Y una última pregunta: ¿quién cambia un país?, ¿sus ciudadanos?, ¿sus dirigentes?, … porque no veo que nadie esté convencido de este cambio, por lo que auguro muchos años al A y B, a la riqueza y a la pobreza, a la ignorancia y la arrogancia.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.