Europa en cinco razones: el tamaño sí que importa.

Yo también vocifero día sí, día también contra el austericidio europeo, el disparate de la desgobernanza o el déficit democrático. Pero, entre tanto ruido, propaganda y leyendas urbanas extendidas sobre las autopistas de internet, me apetecía hacer un alegato lacónico y  parcialmente indignado en defensa de Europa. Ahí van cinco razones. 

1.- El tamaño sí que importa.-

Aun contando con el equívoco del título, si lo traigo a colación es por dar a entender que en el mundo que ya está aquí, miniestados como los europeos no tienen la más mínima oportunidad de sobrevivir, para sí y para sus ciudadanos, en un tablero internacional en el que ningún de los considerados emergentes, cuenta con una superficie inferior al millón de kilómetros cuadrados y perspectivas demográficas o disponibilidad de recursos suficientes para el futuro. Pensar en clave aldeana, a la europea, con estados independientes del tamaño de Kosovo, Escocia o Cataluña implica volver la vista hacia un pasado tan amortizado como los discursos que sustentan este disparate. Una Europa de pigmeos es una bendición para los miopes, y el sueño dorado para los hacedores de legislaciones nacionales a la medida de presiones de los lobbys.

2.- Europa y su poder blando.-

Joseph Nye, un reconocido internacionalista estadounidense, acuñó esta expresión para aludir a un tipo de poder que, en el ámbito de las relaciones internacionales, no se sustenta en términos clásicos, como la supremacía militar, económica o meramente política. Europa, como idea, atesora un poder no medible en conceptos clásicos, como el número de portaaviones, cazas o tanques que posee su inexistente ejército.TO GO WITH AFP STORY "SOUTH SUDAN: ON TH Su poder es “inteligente” en la medida en que resulta una idea atractiva para el resto del mundo, porque aúna prosperidad económica, derechos cívicos, valores culturales, democracia y un estilo de vida que constituye un modelo para el mundo, con el que se compromete liderando la cooperación internacional al desarrollo. Un modelo imitable, que está detrás de los anhelos de la juventud de los países que acaban de vivir su primavera árabe, que no anhelan el American Way of life sino el discreto encanto de la vida urbanita de sus parientes emigrados a Francia, Bélgica o Reino Unido.

3.- La soledad nórdica tiene trampa.-

El cuento de la prosperidad nórdica, basado en el éxito de suecos, noruegos, islandeses o finlandeses, resulta atractivo para muchos que abominan de la construcción europea. A fin de cuentas, todos esos países, excepto Finlandia, comparten tres ideas: 1.- están fuera del euro; 2.- tienen un envidiable sistema educativo, 3.- apadrinan el modelo de estado de bienestar. Pero, aunque muchos siguen obnubilados por el sueño nórdico, no es oro todo lo que reluce. La prosperidad futura de Noruega, por ejemplo, se basa en la extracción de gas y petróleo de sus reservas en el Mar del Norte, no en lo brillantes que son sus investigadores o la materia gris que produce la Universidad de Oslo. Suecia mantiene su moneda, con la que puede, en último término, ajustar su competitividad exterior. E Islandia…. Por muy bello que sea el cuento de la justicia poética de un pueblo valiente que decidió encarcelar a sus banqueros y políticos, tomó la decisión en su día de convertirse en un pseudo-paraíso fiscal en medio del Atlántico Norte, capaz de llevar a la quiebra a ahorradores de media Inglaterra. Y ahora devuelve al partido responsable del desaguisado al gobierno. Si se me permite, pues, menos lobos con la bella epopeya nórdica….

4.- Europa como último recurso contra caciques provincianos.-

Alguien debería analizar, desde una perspectiva progresista, que más allá de los desastres recientes sobre el euro y la des-gobernanza europea, la legislación comunitaria ha sido, con sus luces y sus sombras, el último baluarte contra las agresiones patrias que alcaldillos, jerifaltes autonómicos o ministrillos con ínfulas han perpetrado contra bienes públicos globales como el medio ambiente o la seguridad alimentaria. En último término, Europa es la garantía de la paralización de trasvases disparatados, leyes de costas aberrantes que laminan el litoral, la implantación de una cultura de tratamiento de residuos o la última esperanza contra legislaciones nacionales abusivas, por ejemplo, en materia hipotecaria. europa6

Europa es y ha sido una esperanza contra los desmanes de caciques de provincias, contra legisladores nacionales miopes más débiles frente a lobbys locales y contra populistas de medio pelo que buscan embaucar por la vía más corta a los catetos que se dejan llevar por cantos de sirena. Si algo se le puede achacar no es su intervencionismo, sino todo lo contrario. Que no haya fiscalizado con más dureza proyectos inviables que languidecen en todas las ciudades de España y que esconden delirios de grandeza de estúpidos  que parían aeropuertos como churros.

5.- A quién beneficia  la muerte de Europa.

Con todas sus perversiones burocráticas y todas sus contradicciones lacerantes, el legislador europeo ha ido inifinitamente más lejos de lo que nunca hubiera ido un legislador nacional sometido a presiones inmediatas y menos soportables. Me cuesta imaginar que sin el impulso y el amparo comunitario, se hubieran implantado, por ejemplo,  las leyes anti-tabaco en todo el continente, las normas de protección de los derechos de los consumidores de las que gozamos o que se hubiera mantenido la red de espacios naturales con  la que contamos en España, a salvo de la voracidad de un mercado inmobiliario que se hubiera llevado por delante la legislación atomizada de cualquier gobierno situado fuera del alcance de la estricta legislación comunitaria. Cuantos constructores, corruptos y ladrilleros habrán blasfemado sobre Bruselas y su legión de juristas, último baluarte contra pelotazos que contaban con el visto bueno de autoridades locales y regionales más “sensibles” a sus megaproyectos. A estos también les vendría bien la muerte de Europa.

 Formar parte de esta Europa implica lidiar con contradicciones diarias, con las frustraciones cotidianas de la desafección basada en la europeización de términos como austeridad, déficit, moneda única o ajustes.

Pero sólo los miopes, los que ignoran la historia o los que buscan embaucar a partir de la idealización de un futuro que ya es pasado, pueden ignorar que sin la construcción europea hoy seríamos pasto de tiranías bastante menos presentables que la dictadura burocrática de Bruselas.

 

Facebook Comments

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.