A IÑIGO ERREJON EN LA HORA DE LA DERROTA

Qué difícil es hacerse escuchar entre el ruido.

La voz quebrada del anticapitalista Miguel Urbán -apelando al enemigo, a las barricadas, a la resistencia, al No Pasarán- rajó de cuajo el ambiente en la plaza de Vistalegre para marcar un tono en el que la reflexión, el sosiego y la visión de largo plazo que sólo tú planteas, quedó fuera de juego.

Los jacobinos vencerán porque han jugado con las emociones, una vez más. Y las tripas movilizan más las lealtades que la cabeza, sobretodo en formaciones como la vuestra, que no sabe vivir sin la épica, aunque en sus orígenes quisiera renegar del aplauso mitinero propio de la escenificación decadente de la Transición. Incluso la jugada de los anticapitalistas, presentando una lista que juega a ser tercera fuerza con descaro con el pretexto de la pluralidad, es tan de vieja política que lo he visto mil veces antes, especialmente en el denostado PSOE. Tan vieja, tan previsible, que apesta a antiguo régimen.

Te van a liquidar, Iñigo, y lo sabes. La maquinaria ya está en marcha, aunque todo se vaya a disimular con la escenografía de los abrazos y el afecto. Los besos ya no tendrán el mismo sabor el martes, después de la tormenta, como no los tienen los labios de los amantes después de la traición que se perdona en un esfuerzo baldío por el recuerdo de lo que fuimos.

A tí solo te hubiera salvado una maniobra como la que provocó la caída de Robespierre, con un contraataque de la mano de aquéllos cuyos nombres están en las cuartillas de papel, justo antes de que sean declamados en voz alta por el Salvador de la Revolución. Pero tú, alma cándida, no tienes un Fouché que te haga el trabajo en la Asamblea, ni quieres tenerlo porque sabes que con ello venderías tu alma al diablo, y prefieres ser el Michael Collins que gane la independencia de Irlanda aún a sabiendas de que te vas a llevar un tiro por la espalda.

Tenías enfrente a genios amamantados en la manipulación de las masas. A teóricos de la bruma que saben movilizar instintos al calor de los tambores de la vieja izquierda, esa a la que el líder no quería ver ni en pintura, con sus tristezas, y sus banderas rojas llenas de estrellas cuando estaba bajo tu sabio influjo.

Fuiste tú y lo que representas lo que siempre temieron las fuerzas hegemónicas del centro izquierda en España. Ese espacio en el que se ubica una inmensa bolsa de votantes a los que se les dio dado un menú de plato único en la Transición bajo las siglas del PSOE. Cómo sería la cosa, que hasta Adolfo Suárez, el hombre que quiso ser Felipe González en los ochenta, coqueteó con ese espectro ideológico que sabía una mina de oro con sólo una empresa operando en exclusiva.

Lo que ha de venir está escrito en el manual. Ya te he dicho lo de los afectos y los abrazos para el lunes, cuando se conozca la magnitud del triunfo del pablismo. El martes la euforia de las canciones, los puños y la hermandad irán cediendo terreno a las maquinaciones de los que urden un nuevo orden.

Dirán que se ha firmado un armisticio, que no es una rendición incondicional. Pero a los seis meses, en lugar de los 14 puntos de Wilson en la Primera Guerra Mundial, tendrás un Versalles en toda regla. Con la factura del carnicero a tu cuenta, como responsable único de la contienda y la consecuente indemnización a satisfacer en forma de peones que habrás de dejar caer en todos los territorios.

En vuestros actos, habrá más Paco Ibáñez y menos Vetusta Morla. Más imaginario quechua y bolivariano y menos Owen Jones. Más guerra civil, más trincheras, y menos imaginación, menos blitzkrieg, menos diversidad, menos mujeres.

Será tu gente la que primero desertará. Lo harán con el dolor de saberse fuera de un proyecto que ya no se parece a la audaz idea de ensanchar aquéllas estrechas bases nacidas de la indignación en las plazas. Se irán porque les enseñarán la puerta los vencedores, que no serán magnánimos en la victoria, como nunca lo ha sido un poder hegemónico bendecido en el fragor de una batalla.

La uniformidad la marcará Iglesias, qué duda cabe. Secundado por su guardia pretoriana, tan ciega en el camino de la reedición de los fracasos habituales de Izquierda Unida que de aquí a dos años estará festejando haber conquistado un 15% del voto, como ya era regla habitual en los tiempos del adorado Anguita.

En vuestros actos, habrá más Paco Ibáñez y menos Vetusta Morla. Más imaginario quichuaqué grande Rafa Mayoral– y menos Owen Jones. Más guerra civil, más trincheras, más Unidad Popular, más bandera roja y estrellas. Y menos imaginación, menos blitzkrieg, menos diversidad, menos mujeres, menos banderas arco iris.carmena

Monedero como emblema del techo de cristal, que será de hormigón armado cuando de aquí a un tiempo, te mires al espejo y recuerdes lo que pudo haber sido. No habrá más Carmenas, ni más Ada, ni más Ribó, ni más Oltra, ni más Rita Maestre. Ese Podemos de mujer que sedujo a los más tibios y que llevó a la duda a buena parte de los votantes de esa inmensa bolsa que volverá a ser patrimonio exclusivo de quienes han estado a punto de perderla cuando te tuvieron enfrente.

En el sur, la futura  reina coronada se frota las manos con tu derrota.

Porque te teme más que a un nublado. También ella gana en esta partida, cuando de  aquí a seis meses tenga en frente a un Podemos que, devorando a Izquierda Unida, se devora a sí mismo.

Y en Moncloa, el hombre que se despierta cada mañana con el Marca, se regocija pensando en la cantidad de comodines que le han caído en esta mano.

Y sin embargo, servidor te respeta y te admira profundamente, Iñigo.

Quizás es la solidaridad de los perdedores, aunque yo prefiero pensar que es simple reconocimiento del talento con el que un día, ya lejano, pusiste patas arriba el tablero político.

PD. Perdón por anticipar tu derrota. Pero es que un servidor tiene unos cuantos trienios, y sabe reconocer una causa perdida de antemano, aunque ello no me impida sumarme a ella, como Rick hizo en Casablanca después de su desencanto español.

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8 comentarios en “A IÑIGO ERREJON EN LA HORA DE LA DERROTA

  1. Me ha gustado mucho el tono de tu artículo, y coincido con ese diagnóstico. Solo un apunte optimista, para valorar lo que se pierde hay que perderlo, es ahora cuestión de la voluntad de la gente recuperar a Íñigo. Como dijo una apoderada del PP el 26-J, «si un día Errejón es presidente no lo será con mi voto, pero será mi presidente». Eso es algo que jamás tendran los que ganaron ayer.

  2. Que pena que una amistad tan profunda como la de estos dos politicos tenga que haber pasado por ese traguillo tan amargo,algo se a roto y no creo que tenga arreglo aun que parezca que todo vaya muy bien aparentemente.En fin,tengamos fe y que todo quede en nada y si en la mejora de una »nueva» amistad aun que sea entrecomillas .

  3. No hay nada mas que ver el profundo escozor de la caverna mas rancia y la prensa mas vulgar ante la victoria de Pablo iglesias para darse cuenta de quien es el que les hacia daño, si tanto temia el psoe a Iñigo de donde provienen sus quejidos y amargores ante el que no les iba a quitar votos?, muchos olvidais que mas que de podemos, los hay que somos de Pablo, lo mismo que lo fuimos de Anguita, y que es la acidez de el y no la tibieza, la que escuece al periodista rancio malvendido. Ladran, luego cabalgamos.

  4. Cabalgad. Que no hay nada malo en opinar de uno u otro modo. Eso sí. No hace falta menospreciar a nadie. Suena a vieja política.

  5. Gracias por opinar por aquí, de veras. Yo ya no estoy metido en política. De hecho, ni siquiera estoy en España, porque yo también tuve que irme a la aventura en su día. Lo que si te diré es que la gran baza del primer Podemos, el de la transversalidad y el desafío, hacía muy difícil a los adversarios «cortar un traje» para acotar la amenaza que representabais para ellos. Ahora todo se simplifica, y esos mismos adversarios van a tener mucho más fácil encasillar, etiquetar. Ese era el sello de Errejon.

  6. Cuando se van a enterar en la meseta castellana y castiza que Joan Ribo y Mónica Oltra no son de Podemos sino de Compromís, que manera más propia de la caverna comunista de apropiarse de aquello que no les pertenece.

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