Italia: tres escenarios para explicar lo inexplicable

Hace décadas que la política italiana se arrastra en medio del fango. Desde los prematuros escándalos de corrupción de los ochenta, con conexiones mafiosas de por medio y el desmantelamiento acelerado de las grandes formaciones centrales de la vida política del país transalpino hasta la irrupción, auge, caída y –posible- redención de Berlusconi, todo lo que llega desde Italia parece grotesco e infame.

Cierto es que el resto de democracias mediterráneas no están para demasiadas fiestas, máxime cuando a la debilidad institucional se suma el efecto de una crisis económica que multiplica los efectos del descrédito para retroalimentar la decrepitud institucional todavía más.

El caso es que a estas horas, Silvio Berlusconi supera el 30% de los votos y disputa abiertamente la primacía en el Senado, situándose a una centésima de lograr el vuelco en Lombardía, región más poblada del país, a la espera de los resultados definitivos. Podrán detallarse mil análisis en las próximas horas respecto a participación, el efecto de la antipolítica personificado en el auge de personajes como Grillo, o el desplome de Monti, el tecnócrata que mutó en político para descubrir, a las primeras de cambio, que en este terreno no basta con ser alumno aplicado de instancias superiores para conquistar el voto.

Pero lo cierto es que,  a estas alturas, cualquier observador imparcial que contempla lo que pasa en el país vecino no sería capaz de explicar cómo es posible que alguien como Berlusconi pueda superar el 30% de sufragios. Se me ocurren tres escenarios para explicar lo inexplicable:

Opción A.- un voto de rebelión contra la bruselización de la política italiana.– los italianos, para bien o para mal, votaron a este personaje para un mandato que no cumplió porque Bruselas, Merkel mediante, forzó la salida del Cavaliere para entronizar al tecnócrata Monti. En este escenario, el pueblo, aun hastiado por el perfil de su ex presidente, habría votado con la mirada puesta en Bruselas, desafiando a quienes subvirtieron la voluntad del país para situar al frente del mismo  a un aliado de perfil bajo, más proclive a implementar los ajustes demandados. Este escenario explica la paradoja de que, de todos los gobernantes que encajaron lo peor de la crisis, y pagaron con su cargo la gestión de la misma, Berlusconi vaya a ser el mejor parado, a las puertas de ser la opción más votada.

Opción B.- la debilidad de los oponentes.- A Bersani se le recrimina ser un político de perfil bajo, prácticamente plano en un ecosistema como el transalpino, acostumbrado a los vaivenes amarillistas y la banalización del lenguaje político. No habría sabido contrarrestar una campaña de salivazos sensacionalistas, que calan bien en un pueblo acostumbrado al clamor del titular de impacto para sintetizar el mensaje político. Al tiempo, la irrupción de Beppe Grillo y la defección del voto tradicional de centro-izquierda, afectado por la tibieza de la respuesta al desafío austericida de la derecha europea, habría limitado sus opciones de éxito claro y nítido. Ante ese escenario, repleto de claroscuros en cuanto a la naturaleza de un futuro gobierno, la opción de Il Cavaliere parecería la más reconocible para su electorado.

Opción C.- un pueblo profundamente equivocado.- Es la tercera y menos políticamente presentable de las alternativas que expongo. La que más daño y rechazo me produce si quiera esbozar, pero la más plausible a mi entender. Un pueblo puede votar contra la injerencia exterior (opción A) o contra la indefinición de quien encarna un cambio que no termina de concretarse en nada (opción B). Pero, aun en esta coyuntura, no puede entregar millones de votos a alguien que arrastra en su miseria moral y humana, a todo un país tras de sí.

Sin posible atenuante, y aun cuando Bersani sea capaz de formar gobierno, el hecho de que Silvio Berlusconi supere el 30% de sufragios debería exigir de la sociedad italiana una reflexión colectiva que no debería escudarse en la política y los políticos como chivos expiatorios para esconder la propia responsabilidad en la cuestión.

En estos tiempos de descrédito institucional acelerado, bien lo sabemos en España, encontrar el atajo de la miseria que nos rodea en la responsabilidad de aquéllos que ocupan el poder político e institucional no debiera eximir de la necesidad de analizar cómo y de qué forma semejantes caudillos alcanzan el poder.

Culpabilizar al político y la política convencionales de los males que nos aquejan como sociedad puede tener el efecto placebo de aliviar nuestra propia conciencia. Pero nunca podrá eximir de responsabilidad cuando en un sistema democrático, los monstruos contra los que decimos combatir, se cargan de la razón que otorgan los votos.

Es el momento de que la sociedad empiece a responsabilizarse colectivamente de sus errores.

Porque Italia, a los ojos del mundo y para su propio escarnio, se ha equivocado profundamente.

 

Facebook Comments

Un comentario en “Italia: tres escenarios para explicar lo inexplicable

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.