Cinco claves para recuperar la izquierda perdida

Una reflexión políticamente incorrecta.

 

1.- España no es un tabú.- NACIÓN E IZQUIERDA

Repitan conmigo: España no es un tabú.

No se puede renunciar al concepto y la idea de España desde la izquierda. Tanto nos hemos empeñado en dibujar una contradicción entre ambos términos -Izquierda y España- que la derecha ha terminado por ocupar todo el espacio del concepto de nación. Y en el debate político, aquél que no ocupa un espacio se arriesga a ver como el adversario lo coloniza para malear su significado y excluir al resto por su tibieza.

No; no estoy apelando a un patrioterismo forzado, muy al estilo del que exhiben algunos referentes de mi partido, el PSOE. Hablo de naturalidad y convicción, en la medida en que el concepto de Nación surge, históricamente, de la Izquierda, como apelación a lo colectivo y la superación de los privilegios feudales, no sólo territoriales, sino económicos.

Y por cierto. Nación española y nación catalana no son términos incompatibles. No podemos legislar los sentimientos de un catalán, por mucho Wert que lo intente. Y algunos socialistas lo secunden. Al nacionalismo se combate con progreso. No con más nacionalismo.

2.- Patriotismo constitucional y participación: QUE HABLE LA GENTE

 Cuánto más he leído sobre el asunto, más orgulloso me he sentido de habitar la misma patria que Jurgen Habermas,  principal difusor del patriotismo constitucional. No se puede definir una teoría en diez líneas, pero si me piden un esbozo, la resumo en la necesidad de fortalecer los cauces de participación política de la sociedad para tapar los agujeros tenebrosos de la democracia cuatrienal,  la que se articula en consultas periódicas, y difumina el concepto de rendición de cuentas a la ciudadanía, verdadera dueña de un poder que muchos -cada vez más- entienden les ha sido hurtado. De ahí nace el desencanto, que tanto se ceba con la izquierda.

 Basta de crear consejos de participación meramente formales, en los que una sociedad aparentemente articulada emite opiniones consultivas. La gente quiere participar, recuperar el espacio público, ocupado hoy en día de forma íntegra por el debate en la arena política, el meramente institucional, aquél que el ciudadano contempla, cada vez con más hartazgo y lejanía. Quiere hablar.

3.- Reforma constitucional: BASTA DE EXCUSAS

Es comprensible que, si preguntásemos a un ciudadano sobre Constitución en los tiempos que corren, nos responda con desgana e indignación, o apelando a la retahíla de artículos que le atribuyen derechos, convertidos en papel mojado. Vivimos un proceso de alienación constitucional. Más del 70% de los actuales españoles no se ha pronunciado nunca sobre ella, ni en un mísero referéndum de consulta. Sólo se han tramitado dos reformas constitucionales en este periodo, y las dos por iniciativa, impulso (o coacción) de la UE, y sustanciadas en la opacidad del Congreso. Opacidad veraniega en el caso más reciente.

Nuestra Constitución vive presa de una falsa mística, la de su intangibilidad y ese halo sacro, que saltó por los aires con la última e indecente reforma de 2011.

Nadie en nuestro entorno, asume una posición tan timorata.

Francia acumula 24 reformas a su constitución; Italia, 36; y Alemania más de 60. En el caso alemán, a una reforma por año de media.

Hay quién dice que la reforma constitucional es síntoma de inestabilidad política. Y, francamente, no creo que se pueda acusar a Alemania de ser un país políticamente inestable.

4.- Osadía para cambiar: REFORMAR FRENTE A CONSERVAR

¿Reforma constitucional para qué y por qué? Sencillamente, porque no basta el tradicional brochazo de pintura para adecentar los desconchados del sistema. La izquierda tiene que abanderar, desde la osadía, un proceso de reforma sensato y ambicioso. Cuando Lakoff, en su ya famoso No pienses en un elefante, alude a los marcos conceptuales en política, en el término reforma tenemos un claro ejemplo de concepto colonizado por la derecha. Aunque ahora, en plena crisis económica, el discurso dominante sea el de la necesidad de conservar el estado del bienestar, tarde o temprano los verbos más atrayentes en el lenguaje político serán Reformar, Cambiar, Transformar.

Verbos que siempre fueron patrimonio de la izquierda, y que contempla cómo la derecha hace suyos con una retórica machacona y recurrente.

Plantear abiertamente un debate sobre el modelo territorial, eliminar las diputaciones provinciales, reformar –o eliminar el senado-, fortalecer el estado de derecho o hacer realidad el retórico principio de separación de poderes, integran algunos de los contenidos esenciales de esta reforma.

Para conservar, mantener o no tocar, ya está la derecha conservadora. La izquierda es, o al menos fue, cambio y transformación. Hágase sin excusas.

5.- Integración europea: LA VERDAD SOBRE EUROPA; aunque duela.

La verdad es dolorosamente objetiva, y la izquierda tiene que contarla con la claridad que nunca empleará una derecha que está cómoda con esta mentira. En el actual sistema económico-político el margen de maniobra de los gobiernos nacionales es mínimo y mengua cada día. Casi todas las políticas domésticas dependen de Europa y lo que hagamos con nuestro dinero va a ser, cada vez más, asunto de incumbencia europea. Y negar esta evidencia es el fundamento sobre el que se basarán las acusaciones de incumplimientos políticos, cuando, con suerte, el PSOE vuelva al poder.

Entonces, ¿qué se puede hacer?

El futuro de España pasa, paradójicamente, por una mayor integración europea. Pero no sólo económica. También política, para que  las decisiones económicas que se tomen, tengan legitimidad democrática.

No podemos ser europeos sólo porque suene bien serlo. Ser europeo, implica, desde la izquierda, apelar a la transformación global, al ejercicio de un contrapeso de derecho y democracia frente a los cambiantes Estados Unidos o el inquietante poder económico de dictaduras emergentes como la china, o aparentes como la rusa. Y es que, como dice Lula da Silva, el proyecto de integración europea debería ser considerado patrimonio de la humanidad.

No podemos abandonar el discurso europeísta, por el hecho de que Merkel, Sarkozy o Berlusconi hayan sido cabezas visibles recientes.

Por encima de modas pasajeras, creer en el proyecto europeo implica aceptar sus miserias y sus virtudes. Pero, por encima de todo y desde la izquierda, el compromiso por impulsar dónde y cómo sea posible, un esfuerzo por reforzar la legitimidad democrática de un proyecto que se nos escurre de las manos por la dictadura de los tecnócratas.

 Y contra la tecnocracia no elegida, sólo cabe apelar al poder del pueblo. Incluso aunque no nos guste lo que vote en ocasiones.

Son cinco ideas de lo que debe hacer la izquierda, de puertas hacia afuera, resumidas y limitadas al máximo. De lo que haya que hacer hacia adentro, ya hablaremos por aquí.

Tú, querido lector, ¿qué propones?

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Un comentario en “Cinco claves para recuperar la izquierda perdida

  1. Sin duda alguna se trata de cinco pilares sobre los que se tiene que asentar el futuro modelo de democracia que debemos impulsar, tras esta catastrófica crisis económica y democrática que está afectando principalmente a Europa. Si además aderezamos esto con las reformas económicas y sociales que nuestros estados necesitan, reduciremos las enormes desigualdades que existen hoy en día y obtendremos una sociedad más justa.

    No obstante, para poner en marcha todo esto hay que ser osado, hay que demostrar la audacia que históricamente ha sido estandarte de la izquierda. Todos conocemos la gran decepción que han provocado en muchos aspectos los 7 años del gobierno de Rodríguez Zapatero, con la consiguiente visión negativa de los ciudadanos hacia el PSOE y la izquierda en general. Especialmente cuando se venía de dos legislaturas bajo la apisonadora Aznar, que había comenzado a desmantelar nuestro estado del bienestar con su política de privatizaciones y regalos fiscales a los dueños del capital.

    En Francia empezamos a tener la misma sensación en los primeros meses del gobierno Hollande. Tras el coraje y la audacia que demostró en su campaña, tras su declaración de intenciones en Le Bourget el pasado mes de enero («mi enemigo es la finanza»), sus medidas están siendo ambiguas, sin atacar como había prometido al mundo de la especulación financiera. Su proyecto de reforma bancaria no cumple uno de los puntos de su programa, la separación de los bancos comerciales de los bancos de inversión, siendo una victoria para la finanza especulativa y una decepción para la mayoría de la ciudadanía.

    No se puede volver a decepcionar a los españoles, porque el resultado es un gobierno de la derecha que pasa la apisonadora por encima del estado del bienestar. Y para ello hay que demostrar audacia, coraje, hay que ser osado. Desde ya, la izquierda debe de presentar un nuevo marco verdaderamente democrático que reduzca las desigualdades sociales y respete los derechos de los ciudadanos. Y cuando se llegue al poder, hay que ser valiente y poner en práctica todas estas medidas, contra viento y marea, contra los lobbys que quieren mantener su posición privilegiada. Sin ambigüedades.

    ¡Todos a trabajar!

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