A LOS QUE ESTÁIS EN EL COMITÉ FEDERAL ESTA MAÑANA

Soy uno de los vuestros.

En todo el sentido de la palabra. Comparto principios, bases ideológicas y concepción de la política, de España y de la vida, si me apuráis. Lo que los modernos llaman mi background es el mismo que tenéis vosotros, incluyendo experiencia vital, paso por cargo público y orgánico.

Por eso, me dirijo a vosotros y concretamente a algunos de vosotros a quien os tengo en facebook, con la esperanza de que, en medio del tedio de las intervenciones, os ausentéis mentalmente por unos minutos y casi por casualidad, deis con este artículo en el timeline de esa red social que escupe ultimamente todas nuestras miserias en público.

Yo no voy a hacer eso; no voy a escupir miserias en la red sobre el partido en el que sigo militando, aun contra toda lógica a la vista del centrifugado cainita y los vaivenes ideológicos con los que hemos ido jalonando esta casi década perdida, desde que ganamos las elecciones por última vez hasta el momento presente.

Puedo llegar a entender las razones de la famosa abstención bajo el prisma de los mantras que estamos repitiendo por boca de los viejos oráculos que siguen poniendo «sentido de estado» a sus imprecaciones dominicales en periódicos y tertulias. Ubico en este terreno a mentes lúcidas, si no extraordinariamente brillantes, que ya forman parte de la Historia del socialismo español, como Rubalcaba, Bono, Felipe González o Almunia. Excluyo voluntariamente de esta categoría a otros no tan respetables que pasean sus miserias por platós de la extrema derecha, siempre prestos a poner el micro a quienes llevan años envenenándose de incorrección política para rescatar un minuto de gloria.

Afirmo que puedo llegar a entender las razones de la abstención desde la idea obvia de que unas terceras elecciones hubieran llevado al partido al temido sorpasso y de que la geopolítica jugaba en contra de más experimentos por el bien de los ciudadanos. Bastante trauma hay en las cancillerías europeas como para que la cuarta economía de la zona euro se sumara al carromato de los majaras que se han enseñoreado de este 2016 de pesadilla. También desde la idea, mucho más difícil de entender por las bases, de que lo que estamos haciendo ahora, entendido como ejercicio de responsabilidad, es una inversión de futuro.

Un activo intangible que elevará el precio de la marca socialista en el momento preciso, aunque ahora pensemos que comprando este discurso, estamos invirtiendo en un bien depreciado que a corto plazo no otorga más que pérdidas.

Entiendo vuestros cálculos.

Mejor asumir tales pérdidas ahora, cuando queda una eternidad para que los españoles vuelvan a las urnas y puede pasar cualquier cosa por el camino, sabiendo que las acciones no pueden bajar más de precio en el mercado electoral.

El problema, queridos compañeros, es que estos cálculos están hechos desde un escenario de pura ortodoxia política. Hubieran sido acertados en los ochenta o los noventa, cuando a la izquierda no teníamos más que las mentes tristes de la extinta IU y un conglomerado de grupúsculos dispersos, incapaces de plantear un desafío a un partido centenario, troncal en la historia reciente de España y al que los españoles juzgaban con severidad cuando venían mal dadas, pero que igualmente absolvían con benevolencia a la mínima, en cuanto mostrábamos un verdor renovador, un conjunto de rostros frescos y una modernidad en ciernes al calor de nuestra facilidad para reclutar talento.

Ahora el escenario es otro, y no hay expertos en este tema, como se decían los Kennedy entre sí, intentando buscar expertos en medio de la Crisis de los misiles de Cuba en el baúl de los sabios de las administraciones Truman y Eisenhower. Estamos, estáis solos en esto, en un escenario inédito, en el que no hay genios con varitas mágicas que puedan aplicar el recetario de acciones pasadas porque no hay frente a nosotros un manual de instrucciones ya escrito en situación análoga precedente. Se llamen como se llamen.

No hay analogía con la situación actual que pueda guiar nuestros actos, aunque tengáis la tentación de asumir lo contrario. Enfrente, o a la izquierda si se quiere, tenemos un enemigo formidable. Se llama Podemos, y aunque estamos condenados a entendernos con ellos, representan una amenaza frente a la que no habéis sido capaces de encontrar la vacuna adecuada. Son jóvenes y capitalizan el voto urbano con inteligencia emocional y osadía.

Van a tener un reto enorme ahora, cuando a las cuitas internas, añadan el tránsito incómmodo desde la guerra de movimientos -en esa Blitzkrieg magistral que les ha llevado a sacudir el tablero político en sólo dos años- a la mucho menos épica guerra de trincheras, en las que el fango cubre de frustración la incapacidad para alcanzar los cielos.

Pero si salen de él, serán un adversario mucho más formidable del que lo ha sido hasta ahora. Porque, a diferencia de lo que ocurre con nosotros, ellos sí están reclutando el talento que antes era enteramente nuestro.

La demografía juega en nuestra contra. Y no se puede ignorar este hecho aunque se quiera. Hay un choque de realidades geográficas, entre la España rural y la urbana, entre la de mayor y menor edad. Entre la periferia y el centro, que sólo nuestro partido ha sido capaz de gestionar a lo largo de décadas con inteligencia y asumiendo, muchas veces, la posición más difícil de mantener.

Entender este hecho es entender la España de hoy, que no es ni volverá a ser como la que conocisteis en los ochenta todos aquéllos que os dejáis guiar bajo la mano firme del terreno conocido, ya explorado y andado en batallas de otro tiempo.

Más allá de las apelaciones -ciertas en esencia- de que el PSOE no puede caer en el asamblearismo podemita, radica la evidencia que el país está cambiando y que nosotros tenemos que cambiar con él. Y de que no lo hemos hecho hasta ahora en esta década perdida a la que hacía referencia, cuando en lugar de refundar los basamentos de la organización, hemos perseverado en el mantenimiento de estructuras carcomidas, sobretodo porque resultaban cómodas para seguir manteniendo en pie un edificio que, aun envejecido, nos resultaba reconocible, identificable con lo que fuimos y lo que, teóricamente, siempre seríamos.

La audacia más que el miedo, ha cambiado de bando. Y no podemos fiarlo todo al hecho de que los españoles sabrán apreciar este gesto de madurez política -el de la abstención- retribuyéndonos en el momento preciso, cuando toque de aquí a tres años.

Os recuerdo, queridos compañeros, que ese fue el mismo razonamiento hace ya siete años, incluso más, si tomamos en cuenta la primera oleada de recortes adoptada en 2009, cuando apelamos al sentido de estado diciéndole a las bases que ese ejercicio de responsabilidad histórica con España nos sería retribuido en cuatro o cinco años, después de una legislatura breve del PP.

Ese error de cálculo, el de los retornos de capital electoral basados en la evidencia de que al final el pueblo sabe premiar al que toma la decisión más dura, debería estar presente en vuestro ánimo esta mañana.

Porque ya se ha demostrado erróneo en un pasado muy cercano.

Acepto la idea de que el partido no pertenece a sus militantes sino a los votantes. Es más, llevo media vida política clamando por ella, aunque esto me suponga no ser grato a los apóstoles de las primarias y las plataformas de afiliados.

Este partido pertenece a toda España.

Incluso a la que no nos vota, aunque ni ellos lo sepan.

Pero me permito recordaros, desde la distancia geográfica y la afinidad emocional, que puede que esta vez el país no nos guarde la vez pacientemente como hizo antaño. Ahora tiene quien le ronde, quien le seduzca. Y no nos va a esperar hasta que la eternidad o los calendarios orgánicos personales, se ajusten a nuestros deseos.

Es el PSOE el que tiene que parecerse a España.

Y no esperar sentados a que ocurra lo contrario. Porque hasta ahora, cuando España cambió, nosotros cambiamos con ella. Como en el 75; como en el 82; como en 2004.

¿Por qué no ahora?

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Un comentario en “A LOS QUE ESTÁIS EN EL COMITÉ FEDERAL ESTA MAÑANA

  1. Muy acertada tu reflexión, querido Jesús, pero no creo que esta reflexión tuya sea el catecismo a seguir por los componentes de este Comité Federal del PSOE………

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