MATAR AL SOLDADO SÁNCHEZ

Yo no voté a Pedro Sánchez como secretario general de mi partido.

A decir verdad, tampoco voté por ningún otro candidato. Y no porque no hubiera querido, sino porque el envite me pilló fuera -y  fuera todavía estoy- sin poder participar de una elección que por primera vez entregaba a los militantes el poder antes reducido a los  de notables.

Sí puedo decir -no es ningún secreto- que Pedro Sánchez no era mi candidato favorito. Como también que una vez elegido con el aval de los militantes, había que dejar de poner palos en la rueda con querellas que no venían al caso en mitad del desplome previsible por la emergencia de nuevos actores en la izquierda.

A Pedro Sánchez, sin embargo, lo han querido matar muchas veces. Y desde bien pronto.

Primero desde dentro.

La querencia de la mesa camilla, de los conciliábulos territoriales, del poder parcelado en familias cerradas, era demasiado tentadora como para rendir tales armas ante la paz silente de una nueva política basada en nuevas fuentes de legitimidad del liderazgo. Las inercias no son ni buenas ni malas per se. Pero uno ha aprendido en la vida a recelar de sentencias del tipo «esto hay que hacerlo así, porque de toda la vida de Dios se ha hecho así». Aunque lo que se haga esté mal. Los expertos lo llaman resistencia al cambio. Yo lo llamo pereza intelectual.

Luego a diestra.

Este ataque es el previsible. El que se espera del que, naturalmente, ha de ser el adversario ideológico preestablecido. Fue, sin embargo, un ataque basado en el desprecio y el desdén por quien creían un líder coyuntural, pasajero. Un arribista que llegó sin credenciales territoriales y que encima lideraba un partido decadente y a punto de ser sobrepasado por la izquierda irreverente y fresca de Podemos. Los debates parlamentarios, en los que Rajoy tiraba de cinismo y sorna para infravalorar al líder menor y vacuo que era Sánchez, son la mejor prueba de tal estrategia. Quizás pesa en su recuerdo el error cometido por Aznar al pactar con Zapatero en materias como la lucha antiterrorista, al que elevó al rango de estadista en tiempos en que al leonés lo caricaturizaban los guiñoles como «Sosoman».

Y por último a siniestra.

Ser la marca del PSOE en los tiempos del cólera -nuevo populismo podemita- ha sido un martirio cargado de afrentas. Como la de la reunión de Iglesias con Bono y Zapatero sin conocimiento de la misma por parte del secretario del mismo partido por el que los antes citados habían sido presidentes del gobierno y del congreso. A Sánchez, Iglesias lo omitía como se omite a un líder que lo es por casualidad. A un líder transitorio y meramente nominal, pero sin predicamento alguno allá donde residen las esencias del socialismo. En las entrañas de los conciliábulos del poder de un partido que muchos se precian conocer pero muy pocos descifrar.

En política, y más en España, no se puede ser líder si no se tiene territorio. Un reducto de fieles que conjuguen, a ser posible, poder orgánico y poder institucional en forma de gobiernos autonómicos, provinciales y alcaldías. Sólo se puede ser líder sin territorio, si algún líder territorial con tales poderes, orgánico e institucional, te bendice. Y por boca de ese benefactor hablan los fontaneros que en el momento de gloria, se te acercan con sigilo, mientras tú escuchas los aplausos de un auditorio entregado y puesto en pie, para decirte al oído y con una sonrisa: «acuérdate de quien te puso aquí», como hacían en la antigua Roma los esbirros del emperador, subidos a la cuádriga del general victorioso en Germania para que las mieles del triunfo no le nublasen la razón y tuviera la tentación de suplantar al César.

A Pedro Sánchez tampoco le perdonan que olvidase esa advertencia, convertida en la piedra filosofal de todo Maquiavelo de provincias.

Son tantos los que han querido y quieren matar a Pedro Sánchez, que la mera resistencia del hombre tildado como líder insustancial, pasajero y coyuntural se está convirtiendo en la mejor credencial para apuntalar su liderazgo. Así se actúa en tiempo de guerra. Primero se defiende en zanjas. Luego, si se resiste, hay tiempo para cavar trincheras sólidas. Y si se sigue resistiendo, se construye un búnker de hormigón armado. No sirve para ganar la guerra. Pero evita que la sigas perdiendo.

Pedro Sánchez ha sacado de sus  inapelables derrotas tácticas la lección de que con tiempo, se puede consolidar una posición sólida y más defendible. En ello está, pese al ruido que los medios han ido volcando en el sopor veraniego para acusar al secretario general del PSOE de obstaculizar la formación de un gobierno presidido por uno de los hombres con menos credenciales para sacar a España del marasmo en el que ella misma se ha ido metiendo. El mismo hombre que entre la primera y la segunda votación, saca un rato para promocionar a un ex ministro con dinero en paraísos fiscales y hacerlo jefazo en el Banco Mundial, a 226.000 euros anuales la tirada. Dando ejemplo.

Que te quieran matar politicamente desde tantos flancos te hace estar más vivo. Y te hace más fuerte y consciente de por dónde vienen las amenazas. Sánchez ya tiene la mirada de los mil metros, esa con la que Kubrik bautizaba a sus marines en «La Chaqueta Metálica» para diferenciar a los soldados curtidos de los novatos que pisaban Vietnam por vez primera.

Sánchez no es el soldado Ryan pero se le parece. Aislado y rodeado en medio de un enjambre, lo busca una patrulla variopinta de mil raleas y credos ideológicos diversos. Sánchez no es un paracaidista de la 101 aerotransportada, ni Pablo Iglesias el capitán Miller encarnado por Tom Hanks. Esa tropa lo busca, pero no precisamente para salvarlo y devolverlo sano y salvo al calor del hogar en Minesotta.

Por eso, la mera supervivencia en territorio hostil, le hace más fuerte cada día que pasa.

Y sus enemigos, dentro y fuera de casa, lo saben.

Facebook Comments

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

  1. Atinadísimo. Sólo te ha faltado ahondar en el trabajito de Ferreras y Pastor en La Sexta y la Prisa amarilla (los otros medios se dan por descontados).

  2. Meparece muy relevante por lo cierto. Efectivamente se está haciendo grande y unicamente hace falta tiempo para que se expanda su imagen. Aunque se revuelvan en sus esquinas, -dixi, Aznar- lo tendrán que ver presidiendo este territorio.

  3. soy un militante del psoe y estoy totalmente con mi secretario general el compañero Pedro Sánchez,
    como tal estoy en contra de la abtencion y mi voto será siempre no al señor Rajoy pienso que las viejas gloria del psoe
    ya han tenido su momento ,que den un paso atrás y dejen a pedro actuar. animo compañero somos miles de militantes
    socialistas que pensamos lo mismo, el PSOE y el PP no somos lo mismo un saludo y animo compañero

  4. Vaya cagada…corregido el lapsus. Mil gracias, por la corrección, y por leerme. Un saludo

  5. Un viejo dicho popular en mi pueblo, al referirse a aquellos que sin estar jugando a las cartas merodean por detrás de los que si juegan aconsejando o proponiendo jugadas, que lo correcto al dirigirse a ellos recriminándoles su proceder es decirle «los de atrás se callan y dan tabaco». Pues eso, dejemos jugar a aquellos que, por cierto elegimos por voto directo, para que definan estrategias, alcancen a cuerdos o no y defiendan los intereses generales de los españoles y los de alrededor que aporten y ayuden. Basta de malas artes.

  6. Huelga decir q es una simple anécdota. Y demuestra lo inteligente q es rectificar con humor. Repito, me pareció interesantísimo tu artículo. Un saludo desde Cantabría.