NEGOCIOS DE CAFETERÍA Y SERVILLETA DE PAPEL

Leo esta mañana que el Ministro de justicia holandés y su secretario de estado dimiten por un escándalo que se remonta al año 2000. A hace quince años, nada menos.

Leo a continuación, que un comisario de la policía, de trayectoria errática, lealtades múltiples y funciones escurridizas, acumula un capital multimillonario en sociedades gestionadas con su esposa.

Leo, por último, que el Ministro, el de aquí, el español, se quita de en medio, como si el asunto no fuera con él, en un ejercicio de asqueroso escapismo basado en la medición de los tiempos y en quién era o no titular del ministerio cuando el tal Villarejo se reunía con presidentes de comunidad autónoma para ofrecerle un trato favorable en la investigación en curso sobre su famoso ático, en  un ejemplo de manual de connivencia de cafetería.

Y es que en España siempre fuimos muy de cafetería.

 Un país que glorifica a mandatarios del fútbol por fichar estrellas con ofertas escritas en servilletas de papel, al socaire de un café con leche humeante, o por desatascar pactos constitucionales delante de un plato de croquetas, en el Restaurante Jose Luis, de Madrid, no puede extrañarse de que esa latina y espontánea familiaridad acabe conduciendo a fraudes masivos o cuentas opacas en Suiza.

Por eso me encabrona tanto la España de los anuncios de Campofrío. ¿se acuerdan? Esa España que sacraliza los abrazos, los consensos en torno a la barra de bar, los atajos administrativos para que conseguidores de todo pelaje ahorren tiempo y papeleo en gestiones amigables en las que al final, un listo, desliza un sobre lleno de billetes para que fulano, que tiene sus vicios y su hipoteca, «se tome interés en el asunto» y ventile trabas con la diligencia que se le requiere al socio del negocio.

Por todo ello no me cuesta creer que toda la porquería que esta semana vomitan las principales cabeceras, con el turbio telón de fondo de la sucesión en el PP madrileño, tenga tanto de verdad como interesado sea el momento elegido para la filtración. Porque nada es casual.

Con todo, lo que de verdad causa frustración de todo este asunto es saber que el guión ya está escrito.

Una secuencia de acontecimientos que más o menos se guiará por estos cauces:

1.- jubilación silenciosa del policía supuestamente corrupto, seguida de una investigación judicial que encallará en el vacío de los expedientes formalmente ajustados a derecho.

2.- silencio de los medios se hará cada  vez mayor, a medida que los personajes de la trama, Ignacio González y adláteres, se convierten en políticos amortizados.

3.- algo de ruido en el Parlamento, con alguna petición de comparecencia urgente que se ventilará en el silencio de una subcomisión parlamentaria, y reproches mutuos a la vista de que el comisario millonario operó con dos gobiernos distintos.

4.- La maquinaria judicial moverá sus perezosos resortes con la cautela que sólo le es debida a los capos y sus más que respetadas garantías procesales, en un ejercicio continuado de imputaciones y desimputaciones que terminarán en el limbo de la irresponsabilidad punible.

Y nosotros, españoles de bien, seguiremos dándonos abrazos, firmando contratos en servilletas de papel en bares y restaurantes. Alardeando de la impostada capacidad de cargos y carguillos para agilizar trámites burocráticos y ventilar laberínticos procesos administrativos con un par de telefonazos al funcionario de turno, para bloquear o desbloquear investigaciones, inspecciones o subvenciones,  en función de lo que interese.

Un buen día abriremos el periódico y nos asombraremos de que en Holanda los ministros dimiten por sospechosas conductas de subalternos, acaecidas quince años atrás. Y no nos sorprenderá que en el país del «aguanta y sé fuerte, Luis» las burbujas de crédito atrapen a millones de seres humanos en mitad de la codicia amparada en los manejos de los conseguidores.

 En el país que glorifica las negociaciones de bar, las cenas secretas y los pactos constitucionales delante de un plato de croquetas.

En el país en el que nadie dimite.

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