P. Y YO VIAJAMOS JUNTOS AL 14 DE ABRIL DE 1931

Vamos a viajar juntos al pasado, amigo P.

Sí, ya sé que tú y los tuyos me la tenéis jurada por lo que escribo en estos lares. A fe que no debería molestarte tanto, ni a tí ni a los tuyos.

A fin de cuentas, yo fui. Té eres; y probablemente serás. Por cierto. Entiende que te cite como recurso estilístico. Nunca leerás esto, aunque alguno de los tuyos, muchos me temo, sí lo harán y empezarán a bombardearme en las redes con esa técnica de abrasión de guerrilla con la que tus tácticos instruyen a vuestros «ciberactivistas». Nada que objetar. Nada hay más de izquierda en España que una izquierda devorando a la otra con los ojos fuera de las órbitas, como el Saturno de Goya tragándose a su vástago.

Como te decía, vamos a viajar juntos al pasado -aunque sólo sea por limar asperezas- como en El Ministerio del Tiempo. Una serie que no tiene las retorcidas luchas de poder de nuestro adorado «Juego de Tronos», ni los diálogos punzantes sobre hijos de puta con traje y corbata de «House of Cards». Pero que, además de ser buena, me sirve como coartada para hacer lo que uno, e intuyo que tú también, siempre soñó poder hacer cuando casi a media noche, mi madre en mi casa o la tuya en tu casa, apagaba la luz de la habitación y nos quitaba el Atlas de las manos.

Viajar al pasado.

Hoy es 13 de abril de 1931.

Tú y yo sabemos lo que va a pasar mañana, pero  tenemos la orden estricta de no alterar el curso de los acontecimientos. Los dos, creo, coincidimos en que este es uno de los pocos episodios de la Historia de España en los que podemos cumplir tal mandato, porque los dos, creo también, saludamos con alegría lo que va a ocurrir al día siguiente, 14 de abril de 1931. Si por el camino nos cruzamos con Federico García Lorca, en cambio, los dos acordamos la insubordinación radical de correr a chivarle que el 18 de julio de 1936 se quede en Madrid y no asome por Granada. A hacer puñetas con el curso de la historia si tenemos la ocasión de evitar esa monstruosidad y darle al mundo la bendición de un Lorca que muera en la vejez.

En el Consejo de Ministros de esta mañana, hemos sabido de tres ministros que se han atrincherado en la idea de resistir el empuje de las masas, las  que votaron en las municipales de ayer por candidaturas republicanas. Nos cuentan que el presidente del gobierno, un tal Aznar -no podemos evitar dar un respingo al escuchar este nombre- no quiere sangre; y advertido por Mola y Sanjurjo -otro respingo con sorpresa incluida- de que no cuenta con la adhesión de la guardia civil y la policía para imponer el orden monárquico, ha aconsejado al rey que salga de España.

En consecuencia, mañana Alfonso XIII cruzará mi tierra, Albacete, porque es por allí por donde, de toda la vida de Dios, se va de Madrid a Cartagena, camino del exilio de un país que se acuesta monárquico y se levanta republicano. Igual para a comprar miguelitos en La Roda, que ya empiezan a cobrar cierta fama. Lo siento, sólo te cuento esto para romper el hielo, que ya intuyo venir nuestras diferencias a cuenta de lo que está a punto de pasar.

Nos dicen los plumillas de El Sol, El Heraldo de Madrid y el ABC que Azaña y Lerroux llevan días escondidos en Madrid. Y que en casa de Miguel Maura, sí el hijo de don Antonio Maura, cacique conservador de Alfonso XIII, y cuyo hermano es aún ministro del tal Aznar, están Largo Caballero y Fernando de los Ríos, por el PSOE, Albornoz por los radical-socialistas, Casares, galleguista y Alcalá Zamora, de la derecha andaluza de toda la vida. Ex-ministro de la monarquía y cómplice del sistema caciquil de la Restauración. Casta de toda la vida, me dices. Lo tiene todo; señorito andaluz, ex ministro monárquico y de derechas. ¿Adónde vamos con este y con el dueño de la casa, el tal Maura?.

De poco me sirve recordarte que mañana, quien precisamente le va a echar más redaños es el tal Maura. En tu Puerta del Sol, sí en la tuya, mañana a estas horas Miguel Maura se va a encarar con los guardias que custodian la entrada del ministerio, en lo que hoy es la presidencia de la Comunidad, y les va a gritar con voz firme «ii Señores, paso al gobierno de la República!!. Ahí lo tienes. Un tío que va a fundar un par de partidos en los próximos años con los siguientes nombres: Derecha Liberal Republicana Y Partido Conservador Republicano.

A ver cómo le explicas esto a los tuyos, P. Porque igual que juzgan con ojos del presente el Descubrimiento de América como un día de conmemoración del genocidio, con mayor razón tenderán a ver ese ejercicio de mestizaje ideológico como una Gran Coalición de inspiración merkeliana.

Acabo de mentarte la bicha y se te ha puesto cara de mala hostia. Me dices que no es comparable; me recuerdas lo de la Historia como tragedia y como farsa en sus dos versiones, la cita de Marx y el libro de Zizek. Que ahora se trata de construir pueblo, de plantar cara a la Troika, de cambio y no de recambio. Que los de arriba y los de abajo. Que no podemos ir de la mano con los del IBEX 35. Que lo de las puertas giratorias.

Yo te contesto que también fui casta. Y que la única puerta giratorio que he abierto en los últimos años es la del control de aduanas de Stansted, Londres, donde soy uno de los exiliados por los que dices hablar. Nos enzarzamos en una discusión, sosegada eso sí, que los dos somos buenos fajadores, en buena lid, tirando de argumentos sacados de aquéllos libros que empezamos a devorar cuando nuestras madres insistían en apagar la luz del cuarto casi a media noche y el atlas se quedaba debajo de la almohada.

Pese a todo, la gente nos mira. Más a tí, que luces coleta, pese a que te advertí que en 1931 ibas a dar el cante con ese corte de pelo. De todos modos, la gente está eufórica y no repara demasiado en nosotros. Corren camionetas por las calles, atestadas de hombres -y algunas mujeres, hermoso presagio- que enarbolan una tricolor cargada de esperanza.

En el momento en que la guardia civil se cuadra ante Maura y los suyos, la República ya es un hecho. Vemos el izado oficial de la bandera en el balcón y el estallido de júbilo de la masa. Yo me recojo y suelto unas lágrimas de alegría. Pienso en mi abuelo, que a estas horas estará en La Roda, con sus 19 años recién cumplidos. Está preparando el petate para hacer la mili en Larache, en Marruecos, donde aprenderá a escribir, y emocionado porque va a ver el mar por primera vez. Y también porque sé que la segunda vez, y la última, en que verá el mar será mucho tiempo después, en 1990, para traerse a su hija de Mallorca, enferma de cáncer, conmigo y mis hermanos, sus nietos.

Tambén lloro por eso, y porque sé del futuro que les espera a estos pobres infelices de aquí a cinco años, los que hoy gritan de júbilo en la Puerta del Sol, como harán tus indignados en 2011.

Tenemos que volver a nuestro tiempo. Ha sido un día de emociones fuertes. Nos damos la mano y tiramos cada uno por nuestro lado.

Antes de despedirnos,  me recordarás que por muchas emociones vividas hoy, tu República es y será la del Frente Popular, la del 36.

Yo te recordaré esta, la de la Gran Coalición del 31, -otra vez menciono esa expresión, –gran coalición, y frunces el ceño- porque de ella nacen el fervor educativo del ministro Marcelino Domingo, el derecho al voto de la mujer o el Tribunal de Garantías Constitucionales.

Para tí, la República será la del Puente de los Franceses, las Brigadas Internacionales, y el Quinto Regimiento. Sé que ganas  la batalla de la memoria con tu elección, porque las luchas épicas en la trinchera se recuerdan mejor que los azares del gobierno.

Pero yo prefiero recrearme en ese mestizaje ideológico que hoy cambia el régimen en paz, sin ira y con emoción inocente,  pese a tus reparos y remilgos de clase obrera ante tanto burgués de corte neoliberal.

Tú, soñando con frentes populares, porque en el asalto a los cielos, los tibios de corazón no tienen asiento reservado.

Yo, pensando en lo que pudimos haber logrado de haber sido un poco menos sectarios.

Salud y República, P.

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