Plan Marshall europeo contra el paro: la leche en polvo de la que hablaba mi madre.

Dentro de dos días hay Consejo Europeo en Bruselas. Los jefes de estado y de gobierno se reúnen en el edificio Justus Lipsius, uno de los centros de poder de la arquitectura institucional europea en la gris capital belga.

Por cierto, justicia poética mediante. El tal Justus Lipsius que da nombre al edificio en que se ventilan la toma –o no toma- de las decisiones que más afectan a nuestro futuro político y económico,  es uno de los humanistas que parió el convulso siglo XVI en tierras flamencas. Aquél buen hombre, cuya memoria honra el edificio en cuestión, es el padre del neoestoicismo, doctrina que parece casar con el ideal merkeliano y su recetario para germanizar Europa. Una doctrina negadora de las pasiones, contrapuestas a la razón y el sacrificio como horizonte vital, que sitúa al hombre en el recto camino de la comunión con el logos cósmico y el plan predeterminado que el destino ya ha trazado para nosotros.Francois Hollande, Angela Merkel

Justicia poética, decía, porque en ese edificio, los líderes políticos de ese “opni” que es Europa, (objeto político no identificado) acuñado por el gran Delors y que adquiere todo su sentido en estos tiempos, van a impulsar, según agenda prevista, el debate sobre las mismas recetas a las que llevan dando vueltas semestre tras semestre, sin que se vean resultados concretos, al menos a orillas del Mediterráneo, donde el drama continúa.

Leo que en este Consejo se va a dar vía libre al paquete de lucha contra el desempleo juvenil, esa ignominia que en España retrata la cifra de la vergüenza: 57% de paro.

Leo que la cifra finalmente prevista para nuestro país ronda los 1.500 millones, pagaderos en dos años, 2013 y 2014.

Leo que para ese par de años, Real Madrid y FC Barcelona gestionarán presupuestos que, sumados, dan una cifra cercana a los 2.000 millones de euros.

Leo que el AVE a Asturias, sólo en el túnel de Pajares, obra paralizada por la comisión de chapuzas varias, hemos gastado más del doble, 3200 millones de euros, de lo previsto para ese Plan Marshall contra el desempleo juvenil que mañana jueves nos van a vender en sosos titulares y soporíferas comparecencias los líderes del europeísmo ramplón y rampante.

Leo que, sólo en Alemania, y como parte de su oferta electoral, Angela Merkel prepara un paquete de variopintas ayudas públicas, ellos los liberales partidarios de la limitación del estado, que sólo en carreteras multiplica por cuatro todo el dinero previsto por los líderes europeos para la lucha contra el paro juvenil, no sólo en España, sino en todo el deprimido Mediterráneo.

Dejo de leer y me pongo a recordar.paro 1

Recuerdo cuándo mi madre me contaba que siendo una niña, en la escuela se repartía leche en polvo para que los hijos de las famélicas generaciones de la posguerra, complementaran la pobre dieta que arrastraban, obra y gracia de aquéllos americanos a los que Berlanga inmortalizó en su genial sátira y a los que Franco regaló parabienes y bases en el teatro de la guerra fría a cambio de la baza anticomunista.

Ahora el nuevo Plan Marshall para combatir la cifra de la vergüenza no llegará a las escuelas españolas en forma de leche en polvo, pero me abruma pensar que todo el caudal político que somos capaces de movilizar, a bombo y platillo en reuniones formales para escenificar compromiso y acuerdos de estado que más parecen de auxilio mutuo, se cotiza a menos cuantía de la que Real Madrid y Barcelona emplearán en pagar fichas millonarias para el mismo periodo.

Otra vez las migajas. Otra vez la periferia de la nada.

 Otra vez la leche en polvo para un país que no se merece esto, por mucha moral protestante que se utilice en el razonamiento del castigo por haber vivido por encima de las posibilidades, del que tan orgulloso estaría el estoico Justus Lisius que da nombre al edificio en el que, este jueves, se bendice la ración de leche en polvo para una generación perdida de jóvenes españoles.

 

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