Principio de Incertidumbre

Conozco el principio de incertidumbre por una novela de Jorge Volpi, «En busca de Klingsor». La trama se sitúa en la Alemania de 1945, en la que americanos, británicos y rusos, como potencias ocupantes, se lanzan a la carrera desaforada por encontrar y reclutar a los científicos apadrinados por el nazismo, y responsables de las mayores innovaciones tecnológicas germanas en la guerra.

Heisenberg era uno de esos científicos; y el creador de un principio básico en la física cuántica que ha traspasado las fronteras de su disciplina para hacerse un hueco en otros campos, incluso relacionados con las ciencias sociales como la economía. Reza tal principio que la mera observación de los cuerpos para determinar cuestiones esenciales de los mismos, como su masa, velocidad o posición, provoca una alteración en tales variables, de modo que sólo existan tales valores como mera aproximación, siempre sujeta a determinada incertidumbre.

En resumen, cuando estamos observando algo, ya estamos incidiendo sobre ese algo, tanto como para generar un cierto grado de incertidumbre que impide alcanzar la precisión exacta.incertidumbre3

Me gusta pensar que este principio de la física, aplicado a la política o la economía, invalida los esfuerzos positivistas que reducen el universo a coordenadas cartesianas, en el que todo resulta previsible en función de lo que dispongan encuestas, estudios de opinión y precedentes históricos de los que extraer, en perfecta analogía atemporal, las recetas necesarias para enfrentarnos, por ejemplo a la depresión económica que atravesamos.

Debo estar muy influido por lecturas recientes de Keynes y Krugman , pero cada vez tengo más claro que ningún recetario clásico tiene plena validez en estos momentos. A fin de cuentas, por mucho que con las políticas keynesianas de Roosvelt se atenuase el impacto de la Gran Depresión, lo que de verdad sacó a los americanos de la crisis fue la Segunda Guerra Mundial, en la que millones de hombres y mujeres se pusieron a fabricar aviones, barcos, motores y tanques a mansalva.

No, no estoy apelando a la guerra como fuego purificador de nuestros pecados. Simplemente reitero, principio de incertidumbre en mano, que ningún recetario económico, sea keynesiano, post-keynesiano, clásico, o neoclásico puede sostenerse frente al impacto imprevisto y súbito de los acontecimientos que escapan a su estudio, como variables impensables que todos olvidan incluir, por desconocidas y por inesperadas.

Los analistas pueden anticipar cómo influirá en el precio de un bien determinado el impacto de una súbita escasez del mismo, o al contrario, una repentina abundancia. Pero ninguno puede prever una Primavera Arabe, o un tsunami en Japón, o el derrumbe de un imperio en tres años, como la URSS, por más que, a la vuelta de un tiempo  muchos apelen al  yo ya lo dije o más impersonal  se veía venir.

Por eso, como señala Krugman, en esta crisis deberíamos analizar el impacto de la catarata  de modelos matemáticos que construyeron la falsa seguridad de un orden aparentemente estable y racionalmente asentado en la infalibilidad de la aritmética para permitir la entrada, por ejemplo de la banca de ahorro tradicional en el negocio de la banca de inversión.

Todavía hoy, ejércitos de estadísticos valoran el impacto de medidas tenues, limitadas y previsibles en un mundo en el que la incertidumbre quede limitada a un valor residual que tienda a cero y permita con ello que el crédito comprometa el mayor tiempo de la vida de cualquier individuo, que sería reacio a endeudarse si tuviera consciencia del volumen de la amenaza futura a la que se enfrenta.

La aversión al riesgo, el miedo a lo imprevisible, nos hizo entregarnos en brazos de quienes garantizaban, por ejemplo en la economía, el fin de las incertidumbres a base de proyecciones estratégicas aparentemente infalibles, sostenidas en presunciones sólidas que, en el terreno de lo concreto, nos llevaron a contraer deudas hipotecarias que se alargan durante décadas. Desaparecida la incertidumbre, nada nos impedía tomar decisiones al respecto.incertidumbre6

 Olvidaron aquellos magos de la desregulación decirnos esa máxima inicial que cualquier economista omite o camufla al principio de su disertación: “manteniéndose el conjunto de los factores estable…” Porque resulta que no lo eran en absoluto.

Ahora todo es incertidumbre, entre otras cosas porque tales factores no eran tan estables como creíamos o porque fuimos objeto del engaño masivo de un modelo de desarrollo del capitalismo financiero basado en la gigantesca estafa piramidal que alimentamos a base de ladrillo desde este rincón de Europa.

Si algo debemos sacar en claro de esta crisis, es que las certezas absolutas nunca tendrán el valor que les dimos en medio de una vorágine que ha devorado a un país como España en menos de media década. Y que deberíamos a acostumbrarnos a tener por compañero de viaje a alguien a quien, al menos desde la generación a la que pertenezco, habíamos olvidado.

El miedo.

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2 comentarios en “Principio de Incertidumbre

  1. Yo la primera vez que oí hablar del principio de incertidumbre fue en una canción de Isamel Serrano con el mismo título. Separando los temas tratados tanto en la canción como en el artículo, son perfectamente compatibles. Te aconsejo la oigas. Saludos

  2. Lo conozco, Francho. Y no es casual que Ismael Serrano estudiase Física cuando empezó su carrera en la música. Un saludo

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