Rajoy contra las cuerdas o la amenaza de los tecnócratas

En España no caen gobiernos.

Sólo le pasó al pobre Adolfo Suárez, y fue más por deserción interna en su grupo parlamentario, conglomerado de familias antagónicas, que por factores externos, por mucha crisis económica, ETA y ruido de sables amenazantes que hubiera en aquél febrero ya lejano.

A lo sumo tenemos remodelaciones ministeriales, que tienen más de cambio estético que real. Y no tardaremos en asistir a una, si Rajoy sigue sintiéndose zarandeado y debilitado. Puede que en este otro febrero, aunque todo dependerá de la percepción subjetiva de un Presidente que no puede escudarse en la comparación con otros periodos de la historia. Mientras,  el sumidero sigue arrojando porquería.

Porque lo que está en juego es la viabilidad de la agenda de reformas del gobierno, políticamente muerto en estas circunstancias e inhabilitado para exigir nuevos sacrificios con una mano mientras esconde en cajoneras bajo llave, amparado por la prescripción del supuesto delito, las pruebas de las barbaridades cometidas. O lo que es peor, restarles importancia y aparentando indignación o anunciando querellas a mansalva contra el mensajero.

Mucha atención a lo que pase fuera, al otro lado de los Pirineos.

Van llegando los mensajes indirectos, siempre por el cauce previsto. Primero los norteamericanos (que nadie olvide que fue el propio Obama quien promovió el harakiri de Zapatero aquél 10 de mayo de 2010), luego la banca patria y finalmente los heraldos de nuestros desvelos, troika, FMI y UE.

Que nadie olvide que estamos bajo un régimen de semi-intervención política, y aquí nos estamos jugando los euros con lo que se está recapitalizando el sector financiero español.

Empieza a no haber tanta diferencia entre la posición de Rajoy y la de líderes de su entorno como Papandreu en Grecia o Berlusconi en Italia. En ambos casos, la tecnocracia fue la respuesta inducida por un sistema que reniega como de la peste del clima de rebelión social que empieza a respirarse en España.

Se puede someter a un país con la complicidad de sus gobiernos a una agenda de reformas consistentes en tragar aceite de ricino para que los números cuadren y los acreedores terminen cobrando lo que prestaron para atracones inmobiliarios. Pero no se puede hacer la tarea sin la ejemplaridad exigible a los responsables de ponerla en práctica, incluso de forma tan plástica como la que representó aquélla ministra llorando ante toda Italia en horario de máxima audiencia a la hora de presentar la hoja de ruta del sacrificio.

Con el cambio de gobierno, que no tardará en hacer,  Rajoy gastará su primera bala.

Puede que no tenga tantas en la recámara como piensa.

Un escenario de ralentización de las expectativas de crecimiento en la eurozona, con el lastre de la quinta economía de la Unión afectada por una crisis política aún mayor que la económica puede ser concebido como un riesgo potencialmente peligroso para el resto de socios con los que compartimos moneda.

Y deberíamos tener muy claro que en Bruselas, o mejor dicho en Francfort, no se andan con rodeos a la hora de implantar tecnócratas en democracias bajo sospecha.

No sería la primera vez.

Facebook Comments

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.