Reforma local (I): lo que pienso de las diputaciones

Mañana día 25 era el día en que el gobierno pretendía llevar al Consejo de Ministros su proyecto de reforma local. Leo a estas horas  que, afortunadamente, el trámite no se va a consumar, al menos mañana, dado el rechazo expresado tanto por la FEMP como por el PSOE.

No voy a ocultar mi satisfacción por esto último, sobretodo porque viene a desmentir, al menos de momento, que se vaya a articular un pacto de estado sobre bases tan pobres como las que ofrece un texto técnicamente mejorable y políticamente superado. Un texto que remite a una idea de lo local anclada en tópicos manidos, como el refuerzo de las diputaciones, y que esconde un objetivo último: hincarle el diente a lo local para ofrecer nuevas oportunidades de negocio a sectores económicos ávidos de una reinvención que podría venir de este campo.

Quien me haya seguido en anteriores artículos, sabrá de mi escaso apego por las diputaciones provinciales. Lo diré más claro y en negritas, que es lo más parecido que hay a hablar más alto en un blog: el fortalecimiento político y competencial de las diputaciones a través de esta ley, tal como se concibe esta ley, constituye una amenaza de muerte a la democracia local.im16851forges_diputaciones_

Daré tres motivos entendibles:

1.-déficit democrático de origen.- En nuestro país, elegimos al alcalde y a quienes nos representan en parlamentos autonómicos, estatales y hasta europeos; no votamos al presidente de la diputación y miembros de su corporación que sólo son elegidos por mandato de los concejales por medio de algo tan etéreo como el partido judicial,  circunscripción electoral surrealista donde las haya. Atribuir la capacidad para decidir en qué forma se prestan servicios locales básicos en todos los municipios con menos de 20.000 habitantes (el 98,3% de todos los municipios de Castilla La Mancha) a alguien que no ha sido elegido directamente por nadie supone una gravísima quiebra democrática.

2.- indefinición competencial.- Buena parte de los males de nuestro sistema proceden del desbarajuste competencial, de la ausencia de delimitación precisa de lo que compete a cada cual y debe constituir la razón fundamental de la existencia de ese nivel de gobierno. Las diputaciones son el perfecto ejemplo de administración escoba, que valiéndose de una coartada competencial tan tenue e imprecisa como la promoción de los intereses peculiares de la provincia –que se mantienen en la propuesta actual del gobierno- han servido para otorgar cobertura jurídica a auténticas barbaridades de las que hoy nos estamos lamentando. Ejemplo mediático: aeropuerto de Castellon. Ejemplo personalmente vivido:  Teatro de la Paz de Albacete.

3.- descrédito político.- Que nadie se lleve a engaño. Si de verdad el gobierno tuviera interés por fortalecer la intermunicipalidad en el ámbito local a través de la provincia, reformularía el sistema de elección de los diputados provinciales y promovería una auténtica imbricación de sus potencialidades –que las tiene como institución- con las instancias autonómicas. Lo que de verdad se pretende es atar en corto. La fontanería de los grandes partidos se esconde en las diputaciones, que extienden su función sobre el mismo ámbito espacial sobre el que se extiende la unidad política básica de todo partido: la provincia. Ejemplo ilustrativo. En Castilla La Mancha, todos los presidentes provinciales del PP coinciden con las cuatro presidencias de diputación en las que gobierna. Así, es fácil entender que  la única razón de ser la actual reforma es fortalecer políticamente las estructuras instrumentales de partido, a costa de desmantelar a los únicos gobiernos locales que, en términos generales, mejor escapan al descrédito general de la política: los ayuntamientos. Hurtar competencias a estos últimos es hurtar democracia. Más, si cabe, en un momento en el que diversos escándalos de corrupción sitúan en el punto de mira a gobiernos provinciales dirigidos con el espíritu caciquil al que tanto se presta la institución.

Por las funciones públicas que ejercí en el pasado, pude conocer en profundidad una comunidad autónoma en la que el inframunicipalismo era la norma. De los 919 ayuntamientos de Castilla-La Mancha, no llegan al centenar los que cuentan con más de 5.000 habitantes. Y asentados en una región que cuenta con una extensión similar a Portugal. A poco que se conozca la estructura de funcionamiento de una diputación-tipo, se llega a la conclusión de que, estando concebida como un órgano instrumental, de apoyo prioritario a pequeños municipios, no hay manifestación más clara de su poder que en la propia capital de la provincia. Es, sin duda, fruto de la inercia histórica, fruto de la adaptación al modelo español del sistema departamental francés del siglo XIX. E igualmente inercial es el planteamiento esgrimido por quienes aluden a la Diputación como ayuntamiento de ayuntamientos. Demasiadas opiniones preconcebidas. Demasiadas frases hechas.

El último informe elaborado por Transparencia Internacional España es especialmente revelador en este ámbito. En dos materias esenciales, transparencia económico-financiera y asistencia a municipios –esta última, la principal razón de ser de las diputaciones- la puntuación obtenida en ese informe es significativamente baja, hasta configurar un mapa en el que, paradójicamente, las diputaciones con peor nota son las que pertenecen a las provincias menos pobladas, con mayor número de municipios pequeños y, por tanto, donde más necesaria sería su función. baltar_mariano_rajoy

Desde 1978, con la aprobación de la Constitución, nadie ha sido capaz de llenar de contenido real a las diputaciones provinciales. Y por experiencia hemos aprendido en esta España que involuciona constantemente hacia fórmulas de pasado tronío sin más argumento que los usos y costumbres, que no hay nada peor que una administración ociosa, con ingresos garantizados mediante transferencias estatales altamente incondicionadas -lo que le evita el riesgo político de tener que nutrirse de fuentes tributarias recaudadas por ella misma- y  que se dedica, por ende, a descubrir por sí misma sus propias competencias. Pésima interiorización del principio dinámico constitucional. Este es el terreno abonado a la apertura de pintorescas legaciones diplomáticas o el fomento de misiones culturales exteriores, por citar ejemplos reales.

Al constituyente le dio miedo en 1978 la deriva futura del estado autonómico. Y del miedo surge la apelación al mantenimiento de unas estructuras que debieron ser replanteadas en profundidad en aquél momento, bien para formar el embrión de la administración periférica de la comunidad autónoma, bien para enfocar todas sus potencialidades en defensa de la garantía de la autonomía local sustantiva, la que sólo cabe predicar de los municipios, por mucho que la provincia se haya apropiado de un manto protector que se extiende sobre ella como un cuerpo extraño. Nada mejor que leer las actas de la comisión constitucional en aquellas turbulentas sesiones, y en particular los discursos de Manuel Fraga, para entender lo que suponía la diputación para el antiguo régimen.

Centrar el debate de la racionalización y el ahorro en el fortalecimiento institucional y competencial de las diputaciones no sólo se debe a la razón numérica, la que se inviste de autoridad moral a partir de sentencias tan superfluas como las conclusiones que arroja la reciente conferencia Intermunicipal del PP. Se debe a una estrategia de fortalecimiento de aparatos de poder político, más fácilmente controlables por élites que, empleando como coartada la reforma local, resultan más manejables.

La descentralización política es una lucha constante contra la concentración de poder. Con esta reforma, no sólo se reconcentra el poder. Se hace sumiso. Y la heterogénea y tradicional insumisión política de lo municipal, de lo verdaderamente local, conforma una riqueza de matices de la que no se puede desprender este país.

Por el bien de la democracia.

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5 comentarios en “Reforma local (I): lo que pienso de las diputaciones

  1. Las diputaciones son un reducto del antiguo estado centralista,que, como bien dices, no se attrevieron a suprimir en la nueva Constitución. Son un nido de golferías y corruptelas, de mangoneos y despilfarros, de pago de «favores» y acomodación de inútiles, de financiación encubierta de los partidos… A partir de los años noventa, dejaron de tener ningún sentido y que no vengan con la monserga de «apoyo a los pequeños domicilios», que es mentira. Una obra gestionada por la diputación, es casi siempre del entorno de un veinte por ciento más cara que si la gestiona el propio ayuntamiento. Son, como otras reminiscencias algo que atenta contra el más mínimo sentido común (la monarquía también).

  2. No se ve bien y he cometido algunos errores, pero las ideas se entienden.Donde dice «domicilios», debe decir «municipios». Perdón.

  3. Qué alegría verle por aquí, caballero!!
    Ya sabes que comparto tu visión respecto a las diputaciones. A mí lo que me preocupa de veras, después de leer y releer el anteproyecto del gobierno, es la filosofía que destila. No se atreven a hacer lo que les demanda el FMI en esta materia (supresión forzosa de entidades) y disfrazan ese objetivo a través del reforzamiento de las diputaciones. Y con un perverso sentido económico del asunto que ni siquiera ocultan. Pretenden construir oligopolios provinciales de prestación de servicios básicos utilizando coartadas como la estandarización de dichos servicios. Y todo esto puesto al servicio de un fin último: el fortalecimiento de los aparatos de poder político, sin si quiera plantearse un cambio en el sistema de elección de diputados provinciales.
    Es una aberración política, pero también un manto protector para llevar a cabo la externalización encubierta de servicios que se van a cobrar a precio de oro al usuario para minimizar el papel solidario del presupuesto local en el reparto de cargas.
    En fin. Un fuerte abrazo y comenta cosas por aquí. Esto solo tiene sentido si se habla. Aunque me consta que se lee. Y mucho más de lo que me imaginaba antes de empezar con esta aventura.
    Hasta pronto.

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