MI VOTO EN LAS PRIMARIAS DEL PSOE

Yo no voy a votar en las primarias del PSOE.

Y eso que tengo derecho a hacerlo como militante, al corriente de pago según queda claro en el recibo cargado a mi cuenta bancaria el pasado 8 de febrero.

Cuando uno se va de su país, como es mi caso, le asalta al poco tiempo la idea de hacer una poda en las domiciliaciones bancarias de su cuenta de toda la vida. Asociaciones, pagos periódicos de móviles cuyo número no vamos a volver a usar y algún otro servicio por el que no consideramos pertinente seguir abonando una derrama mensual o trimestral por pequeña que sea.

Queda la cuenta bancaria, en estado durmiente, como metáfora de una vida en el desarraigo del exilio que, sólo por si acaso, conviene mantener activa si se tercia la idea, cada vez más lejana, de volver a España.

Conservo mi carnet de militante del PSOE por razones más sentimentales que racionales. Ni tengo agrupación a la que acudir, ni asambleas de las que participar. En la página web del PSOE hay un enlace a una supuesta agrupación en la capital británica, junto a un apartado de correos que remite, curiosamente, a una dirección en Bruselas.

El enlace conduce a ninguna parte. Está roto.

Como tantas otras cosas en este partido en el que hoy, 26 de marzo de 2017, se ha decretado el estado de eufórica alegría con el esperado anuncio de Susana Díaz rodeada de todos los que un día fueron y que, de uno  u otro modo, todavía son.

Hay una página en Facebook, “PSOE en Londres” cuyo contenido más reciente es un vídeo en el que precisamente Susana Díaz se dirige a los andaluces que residen en el exterior  para que voten en las autonómicas de 2015. Alude en ese vídeo a la infamia del voto rogado y a su compromiso de eliminar una barrera democrática que condena a la muerte civil a cientos de miles de españoles que se convierten en un poco más apátridas con el paso de los años.

Lo cierto es que los coautores de la reforma fuimos nosotros mismos. Y eso nos quita un enorme caudal de crédito entre una comunidad de expatriados que, de forma masiva, responde con un muy británico “showing the middle finger” cada vez que he tenido la tentación de hacer proselitismo socialista por aquí.

Son jóvenes y nos achacan sus frustraciones lejos de casa. Y no les culpo por ello. No tengo arrestos, fuerzas ni convicción moral para ello.

Les decía que soy militante sentimental sin agrupación de referencia. Eso me convierte en un mero pagador de cuotas con derecho a participar en procesos orgánicos reglados.

Pero tampoco en este particular me lo ponen fácil.

Si quisiera votar en las primarias -algo que insisto no pienso hacer- me tengo que pillar un vuelo y presentarme en la agrupación local de La Roda, Albacete, para depositar mi voto en la urna. No deja de ser una contradicción, teniendo en cuenta que la ponencia marco que se presentaba el pasado sábado 25 de marzo tiene un sesudo apartado dedicado a la revolución tecnológica, la sociedad digital y la economía del conocimiento.

Porque lo que más le reclama la gente a este partido es precisamente eso.

Que esté a la altura de sus grandilocuentes declaraciones y documentos para la enésima reinvención ideológica con la que vestir el santo. O la santa.

Que acompañe con actos concretos lo que dejamos escrito con mazo y cincel en la piedra en la que tallamos, de cuando en cuando, las milagrosas recetas de la socialdemocracia, de un tiempo a esta parte destinadas al olvido en la orilla de la derrota electoral que menudea más de lo debido.

Pero va a ser que no. No habrá voto online.

Y no por falta de tiempo. Más de medio año entre la convocatoria y la celebración de las primarias. Lo que no ha habido es voluntad. A resultas, nuestros sistemas de votación quedan en un punto tal que si mañana resucitase Julián Besteiro, que campó por las agrupaciones locales hace un siglo, le resultaría familiar este procedimiento con el suyo de candiles y carromatos, rodeados como estamos de tecnología 4G.

No quiero que deduzcan de mis palabras, no obstante, ni la más mínima brizna de frustración. Miro con desconfianza y cierta alienación nihilista el combate desigual entre aspirantes.

Pero al menos, como Bogart en Casablanca, me voy a dar un último lujo. Una última concesión al idealismo que llevó al personaje a refugiarse en un tugurio norteafricano después de tantas derrotas y de perder a la chica en un andén parisino mientras la Wermacht mancillaba con su paso infame la bella París sometida.

Siempre hay una última causa perdida. Una última ocasión para saborear la derrota con la satisfacción de encabritar los ánimos de los contumaces del aparato provincial de Albacete, mi tierra. Un saludo, que os sé lectores de este blog.

El día de las primarias cogeré un vuelo barato en Londres. Me plantaré en La Roda, donde tengo derecho a voto. Llamaré a una buena amiga, de nombre Maria Angeles, cuya solicitud de afiliación se ha paralizado en el limbo de los equívocos de este interín maldito de gestores y gestoras que paralizan en unos sitios y agilizan en otros.

Ya se sabe. Quien controla el censo controla el voto. Ha sido así desde los tiempos de la Roma republicana, en los que la magistratura de Censor era codiciada por todos los patricios.

E iremos juntos a votar,  María Angeles y yo.

Ella, sin derecho formal  a voto, escogerá la papeleta que le venga en gana. Y con mi carnet de militante, depositaré su voto en la urna.

Puede que en ese momento, cuando ponga en la urna el voto que María Angeles elija, evoque a Federico Luppi en “Un lugar en el mundo” de Aristaráin.

Si la guerra se perdió -porque está perdida- al menos me doy el lujo de ganar una batalla.

El voto de María Ángeles, cuya ficha alguien quiere tramitar con sospechosa parsimonia, será mi batalla ganada. Porque la sé más socialista de lo que una domiciliación bancaria pueda acreditar o el tracto burocrático de los estrategas de los censos quieran hacer ver.

Porque habiéndola conocido y sabiendo de su compromiso vital con estas siglas, no veo mayor compromiso socialista en este trance amargo.

Nos vemos en mayo por La Roda, María Angeles.

Yo no voy a votar en las primarias. Tú sí.

 

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