Wert: 5 razones para su despido objetivo en España S.A.

A la derecha, al menos en España, siempre le gustó definirse como gestor económico.

No se trata de política, sino de saber gestionar, repetían con denuedo intentando compensar su debilidad en el combate ideológico. Colonizando este espacio, atribuía por exclusión a la izquierda una condición de desidia y dejadez en la gestión de lo público, engordando gastos y dilapidando ingresos, en una reedición del cuento de la hormiga y la cigarra. Nosotros no somos políticos, repiten sin cesar cuando llegan las elecciones. Ese denostado adjetivo -político- para los rojos.

Utilizando ese criterio –excelencia o superioridad en la gestión- me permito hacer un ejercicio de política ficción basado en la figura del Ministro de Educación, José Ignacio Wert, en un análisis de su desempeño al frente de un departamento sacudido por sonoras polémicas. ¿superaría Wert una evaluación basada en criterios estrictamente empresariales o de eficiencia de gestión, atribuyendo de forma ficticia a la acción de gobierno un carácter netamente empresarial?

Cinco criterios de eficiencia empresarial, objetivamente medibles en esta España S.A. gestionada por un consejo de administración presidido por Rajoy y con Wert como director de la división educativa.

1.- posición de dominio en el mercado.-

 Si entendemos por mercado el espacio electoral, el punto de partida de Wert es el de integrar un consejo de administración (Consejo de Ministros) que gestionaba una mayoría absoluta holgada cuando llega al cargo. Aunque no tenemos herramientas concretas para medir el deterioro –todavía no se han celebrado elecciones para medir claramente la pérdida de peso- los hechos objetivos con los que contamos son la condición de Wert como ministro peor valorado del gobierno y las encuestas, que vaticinan una notoria caída de votos, sólo amortiguada por la flojera –puede que momentánea- del PSOE. Es notorio, por tanto, que Wert, como peor ministro del gobierno, es una rémora en el consejo de administración de España S.A.

2.- eficiencia en la gestión de recursos propios.

 Entenderíamos que esta variable se refiere a los gastos de la división que gestiona Wert en su empresa. Los recursos de que dispone con plena autonomía y las disposiciones normativas con las que los gestiona. Si analizamos en este parámetro el ridículo más reciente –becas Erasmus- la gestión de este ejecutivo empresarial no podría ser valorada sino con un notorio suspenso. Si contaba con la mitad del dinero presupuestado en su departamento para este programa, o merece el reproche por acción consciente (aceptar una reducción de ese calado con el programa a medio ejecutar, ocasionando evidente perjuicio sobrevenido) o merece el reproche por acción inconsciente (regular con criterios retroactivos la pérdida de una subvención concedida). Es decir, o es incompetente o es más  incompetente todavía según este parámetro.

3.- eficiencia en la gestión de recursos estratégicos.-

si entendemos por tales las herramientas de que dispone para contribuir al éxito de la empresa en el largo plazo, entonces tenemos que hablar de la Ley Wert. Rotundo fracaso a la hora de arbitrar consensos con otras fuerzas políticas relevantes para conseguir lo que el propio directivo comprometió en su toma de posesión: elaborar una norma por consenso. Incumpliendo de manera flagrante este compromiso, no sólo estamos ante un gestor miope de recursos en el corto plazo, sino ante un despilfarrador de caudal estratégico en el largo plazo, que contamina a toda la empresa, España S.A.

4.- nuevos nichos de mercado.-

Mercado electoral, se entiende. En este apartado, merece la pena repasar las declaraciones del directivo, que al hilo de una soflama tal como “quiero españolizar Cataluña”, arruina la estrategia de crecimiento de la empresa, España S.A. en un territorio en el que su marca, PP, tenía enorme potencial, a la vista del crecimiento exponencial en las encuestas de Ciutadans. Por tanto, Wert habría sido determinante para llevar a su marca al sexto puesto en las encuestas de intención de voto en uno de los pocos territorios en los que el frentismo del desafío nacionalista era susceptible de aportar crecimiento al PP.

5.- imagen exterior de marca.-

Supongamos, que no es mucho suponer,  que España SA necesita mejorar su imagen exterior para captar capitales o abrir nuevos mercados para la exportación. De la incompetencia del directivo no se escribe mucho fuera de las fronteras, más allá de los ecos de la contestación ciudadana a su Ley. Pero de una medida estúpida, que costaba 15 millones de euros (el dinero que pretendía birlar al programa Erasmus) se habla por todo el continente. La Comisión Europea emite nota al respecto, y 39.000 jóvenes repartidos por el continente, difunden la imagen de un gestor chapucero que cambia reglas a mitad del partido y abandona a su gente allende las fronteras. Desde el punto de vista de expansión de imagen de marca, no se puede ser más torpe con tan poco dinero.

Si España fuera España S.A. y el gobierno su consejo de administración, sólo habría un incompetente que superase en ineptitud al directivo Wert. El Presidente del Consejo de Administración que lo mantiene en el cargo y no ejecuta el despido objetivo del que sería merecedor el ministro en el ámbito privado siguiendo la dialéctica empresarial de una derecha que no hace política. Gestiona.

Y es que, incluso siguiendo la dialéctica de economía  doméstica de un gobierno que nos repite constantemente “que no se puede gastar no lo que no se tiene” o que “vivimos por encima de nuestras posibilidades”, sólo hay un pecado que no se le puede perdonar a un buen gestor: no saber rodearse de gente valiosa para la organización.

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