Y Alemania dijo Nein…

Un sonoro y explícito No a la demanda de Rajoy, formulada vía Financial Times, de tirar del carro del gasto con medidas que impulsen el crecimiento.

Empiezo este post con un viaje al pasado, a finales de los años 80 y primera mitad de los 90.

Por aquél entonces, nos felicitábamos en España por haber llegado a la estación Europa, después de un largo viaje de décadas de ostracismo a lomos de una locomotora condenada a circular por vías de ancho ibérico que morían en los Pirineos y nos desconectaban de la modernidad.

Y descubriámos en Felipe González a un estadista  capaz de apuntalar una alianza ideológica a la izquierda -con la Francia de Miterrand- y otra estratégica con la Alemania de Kohl que, agradecida por el apoyo español a la reunificación germana, bendecía la lluvia de millones que caerían en nuestro país en los años siguientes, vía fondos estructurales y de cohesión. 

Hace poco estuve hojeando una autobiografía de Helmuth Kohl, aquél canciller de aspecto bonachón que cambió la percepción prusiana y cuadriculada que teníamos de los alemanes. Yendo al índice onomástico, al final del libro, me encontré tantas referencias a Felipe González como las que el autor hacía a Miterrand o al entonces secretario general de la ONU. No quiero glosar en este post una oda tardía a González, pero es justo reconocer que la política exterior española alcanzó en aquel periodo un escalón que ni hasta entonces, ni después, se ha vuelto a conocer.

Que había sintonía personal entre ambos líderes políticos es un hecho evidente. Y que ambos se utilizaron mutuamente para alcanzar objetivos muy cuestionados en ese momento –en particular el recelo franco-británico a la reunificación alemana tras la caída del muro- revela hasta qué punto la política internacional puede hacer extraños compañeros de viaje.

Algo así debe estar pensando a estas horas el Presidente del gobierno, Mariano Rajoy, cuando recibe en apenas tres horas un sonoro nein de sus correligionarios ideológicos del gobierno alemán, formado por una alianza de cristiano-demócratas y liberales, a su petición de implementar políticas expansivas en la economía alemana para incrementar la actividad económica en la eurozona y alentar el consumo de quienes aún se lo pueden permitir: alemanes y holandeses principalmente. Cuerpo a tierra que vienen los nuestros, dirá alguno.

Desde que llegó al gobierno, Rajoy se ha entregado a la tarea de glorificar la austeridad expansiva acuñada por la Alemania de Angela Merkel y su Banco Central. En política exterior las alianzas ideológicas tienen la solidez que determina la coyuntura del momento. Y estamos en una coyuntura demasiado volátil como para que la primera economía europea responda a la angustiosa llamada de un país que encara su quinto año de depresión, y que continúa expulsando talento fuera de sus fronteras. Por muy colegas que seamos en la Internacional Demócrata de Centro o hagamos comunión ideológica en valores y rechazo del socialismo, dirán en el ejecutivo de Merkel. A la hora de la verdad, el gobierno alemán no va a tomar la decisión de impulsar un paquete de gasto adicional para reactivar la economía en la zona euro, fundamentalmente por tres razones:

1.- porque no cree en ello2012-09-10_IMG_2012-09-03_00.55.42__8210109

2.- porque está sacando tajada del hundimiento de los países del sur

3.- porque supondría admitir, en año electoral en ese país, que se han equivocado apelando a la austeridad porque sí.

El escenario, incluida la  petición de socorro de Rajoy en el Financial Times, remite al absurdo, con un gobierno pidiendo con la boca pequeña que  gasten los que puedan gastar -aunque sea a costa de un aumento de la inflación- y atizando en su propio país con la medicina del recorte para que la renta disponible en manos de los españoles se desplome y dejen de gastar.

Ahora que Rajoy recibe la negativa alemana, ya es tarde para impulsar un verdadero pacto político por el crecimiento de la mano de una Francia sobre la que algunos empiezan a extender negros nubarrones. Demasiados prejuicios ideológicos y muy poco coraje político.

Y en medio de este panorama ¿donde queda Europa? ¿Nadie tiene capacidad en la Unión para articular un pacto por el crecimiento? ¿dónde ha quedado la Comisión, cada vez más limitada en sus funciones? ¿es admisible que un gobierno tenga que lanzar su grito de socorro en un medio de comunicación? ¿dónde están y para qué sirven, entonces,  las principales  instituciones europeas?

Sencillamente, Europa ni está ni se la espera.

Hubo un tiempo en el que  la talla política o la coyuntura internacional de una generación de líderes de altura,  devino en fortalecimiento de instrumentos netamente europeos, como la Comisión, entonces dirigida por Delors. El equilibrio posibilitó la emergencia de la hoy denostada burocracia comunitaria, que sin embargo podía actuar con un margen de autonomía lo suficientemente amplio como para tejer alianzas transnacionales  que fueran mas allá de las afinidades ideológicas o territoriales.

Hoy se constata la  irrelevancia de la Unión Europea como sujeto político a la hora de dar respuesta a la demanda de un socio –o varios si se apela a todo el sur del continente- asfixiado por una austeridad suicida, impuesta en nombre del euro, que ahora más que nunca, es el marco alemán de toda la vida disfrazado y multiplicado por dos en su valor. Y que nadie juegue con su moneda.

PD: el nombre de Felipe González y España aparece ocho veces en la citada  autobiografía de su coetáneo  Helmuth Kohl. ¿cuántas veces aparecerá el nombre de Mariano Rajoy en las memorias de Angela Merkel? Se admiten apuestas.

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